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El FMI en plan abuelo cebolleta

Vaya un ataque de risa me entró ayer leyendo las previsiones del Fondo Monetario Internacional que, imagino, ustedes ya conocen. La risa, matizo, no me dio por algunas verdades como que no vamos a levantar cabeza hasta 2017. Eso ya lo sabemos algunos desde hace un lustro, cuando todo era lustre de ladrillo y crédito, e ilustres incompetentes que nos guiaban por la senda fácil del consumo histérico.

No. La risa me entró porque se le nota a la legua lo que está reclamando, y con toda legitimidad además, este viejo policía financiero que, en los últimos años, se ha especializado en darle unos viajes a sus previsiones de padre y muy señor mío. Magos de la elucubración, todo hay que decirlo, han conseguido casi convencernos de que sus previsiones se cumplen, y no es del todo cierto. Se cumplen a tres meses vista, y después de varios saltos en el vacío.

Hay quien ve como alarmantes sus vaticinios. Y no. Es que chochea, y quiere que se le note que chochea. Tras 67 años de servicio, que son los que cumple en 2012, está pidiendo recambio, y cumplir de paso con esa nueva ordenanza no escrita de que es mejor jubilarse a los 67 que a los 65. Bastante mili lleva ya. Se ha ganado todo el derecho a retirarse, contar historias del abuelo cebolleta, y dejarnos a los demás intentarlo sin él, a ver si así nos va un poquito mejor.