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El gasto y la casta

lgo tenemos que estar haciendo mal, rematadamente mal, cuando varias ONGs están teniendo que sacar a infinitas tropas de recruiters, como obliga a decir el lenguaje marketiniano, para mantener el tipo frente a unos recortes egoístas, que solo entienden de cuadrar las grandes cifras a martillazos. El gasto en proyectos sociales podría ser el doble, o el triple, o cinco veces más, y ello no supondría una merma para unas arcas públicas que están acostumbradas a otro tipo de saqueo, silencioso, pertinaz, y orquestado o ejecutado, cuando no ambas cosas a la vez, por buena parte de quienes deciden el destino del erario público porque nosotros mismos les hemos elegido, y les pagamos, para esa tarea.

Eso, al margen de que ese gasto no es tal, sino una inversión. Pongamos el caso de Aldeas Infantiles, que hoy recluta entre otros en la madrileña Puerta del Sol, o Acción Contra el Hambre, que lo hace en Cibeles. Si no fuera por su tarea, de la que los Estados se han desentendido, los desequilibrios harían insufrible la convivencia. Eso es lo que no es capaz de ver la casta egoísta que se cree tocada por la varita mágica del poder.