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El grito de la dependencia

España se ha convertido en un país casino. No porque vaya a venir “Eurovegas”, que también, si no porque siempre juega al todo o nada. Cuando se apuesta por algo, se hace con todas sus consecuencias. Es lo que nos ha ocurrido en los años de bonanza, donde todas las fichas estaban puestas en el rojo impar de la burbuja inmobiliaria, el crédito fácil y el clientelismo de la Administración Pública con los prebostes empresariales. Ahora que estamos en crisis, es justo lo contrario. Apostamos por el negro par de los recortes lineales, en el que la tijera es lo único que importa, sin hacer análisis de dónde tocamos y qué consecuencias puede tener para nuestra economía.

Es la hora de la austeridad sin mesura. El momento de coger tijera y ‘cuter’ para leer los Presupuestos Generales del Estado y recortar partida a partida de nuestras cuentas. Recortes que llevan a buscar ‘medias de corte’ en los Ministerios, sin tener en cuenta nada más. Es el recorte por el recorte. Lejos de lo que se hace en cualquier empresa, donde se analizan rigurosamente todas las partidas, y se quita un poco de allí, un tanto de allá, un mucho del otro lado, y un nada de este otro punto. ¿El objetivo? Evitar que la empresa pueda morir por falta de músculo. Y eso es, precisamente, lo que le ocurre a esta España nuestra. Está a punto de padecer una parada cardíaca ante la falta de adrenalina económica que tiene su corazón.

¿Acaso alguien cree que es normal que en poco más de tres meses hayan salido a la calle los abogados, los jueces, los médicos, los universitarios, los enfermeros, los estudiantes, los padres y ahora los discapacitados? Éstos últimos han sido los que menos han alzado la voz durante todo este tiempo de crisis económica.  Nos han dado, al igual que nuestros mayores, una lección de cómo padecer en silencio los recortes y el ajustarse el cinturón que tanto nos reclaman los Gobiernos. Pero ahora los dependientes han dicho basta.

Basta de ser los últimos en los Presupuestos. Basta de que se les utilice como moneda de cambio electoral. Basta de ser el balón que se tiran los unos y los otros. Basta de que el 20% se haya quedado sin asistencia básica, que no tengan casi acceso a la universidad, y que sus empleos estén permanentemente al filo de la navaja. Basta de que los derechos –entendidos ahora como privilegios y obligaciones- de una sociedad con respecto al Estado, sean para ellos la nada más absoluta.

Por eso han querido salir a las calles de Madrid. Por eso gritan que ya está bien de tijera. Pero ojo, no los entiendan mal. No reclaman que no se ahorre, que no se ajuste. Todo lo contrario. Lo que piden es que la apuesta no sea al ‘todo negro par’, al contrario. Quieren que sea una jugada diversificada, donde pongamos dos fichas en el 7 rojo, 3 en el 20 negro… O más claro todavía… Que no haya recortes lineales. Que sean ajustados a cada partida presupuestaria.