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Guerra de cifras, déficit y ratio

Ya tenemos dos crisis.

Hoy se han actualizado las cifras del Banco de España correspondientes a la Deuda Pública del tercer trimestre de 2012. No está clara la razón por la que parecen no coincidir con las de Eurostat. La cifra que ofrece Eurostat indica que el ratio Deuda/PIB es de aproximadamente 77%, lo que supone  un incremento notable con respecto al año anterior, en línea con lo que ha sucedido en los últimos años y, como me temo, con lo que se espera para el próximo ejercicio ( a tenor de los planes de emisión de deuda del Tesoro Público para 2013). Pues bien, si esta cifra parece elevada, el Banco de España indica que dicho ratio se encuentra en el 96%. No me voy a detener en la diferencia entre ambas cifras, pues nunca han coincidido (las del Banco de España siempre han sido más elevadas) Lo que me preocupa es tanto el valor del ratio al que hemos llegado como su tendencia: desde el valor del 40% (cifras de Eurostat) a finales de 2008, produciéndose un aumento de 4.5 puntos en dicho año, 11.2 en 2009, 9.7 en 2010 y 9.4 en 2011. Viendo la evolución de las subastas del último trimestre de 2012, lo lógico es que el ratio haya crecido aproximadamente 9.5 puntos, situándose el ratio de deuda/PIB alrededor del 80% a fin de año.

Las CCAA están anunciando sus cifras de déficit estos días. A pesar de que ninguna de ellas haya cerrado empresas públicas, televisiones, etc., la gran mayoría asegura que van a estar muy próximas al objetivo fijado. Por otro lado, el Ministerio ha confirmado que no se va a cumplir el objetivo de déficit, pero está muy contento con el número que les va a salir: la recaudación suele ser importante en el cuarto trimestre del año y se puede arreglar un poco el hecho de que al final del tercer trimestre el ratio déficit/PIB estuviese en un valor cercano a 9. El rumor es que la recaudación tributaria ha aumentado en el cuarto trimestre de este año un 54%. No tenemos elementos para poner en duda esta cifra, pero estoy cuando menos asombrado.

Cuando en febrero del año pasado hicimos la porra de cuál sería el ratio de déficit/PIB a inales de 2012 mi apuesta fue del 8%, es  decir, que bajaríamos muy poco o nada con respecto al de 2011. Posteriormente se supo que en realidad el ratio de 2011 era de 9.5%. Yo mantengo mi previsión de más el 8% por dos razones: porque las reformas han disminuido el gasto, pero no tanto como se debiera (las partidas que se han reducido no son las que más gasto innecesario originan), y porque el descenso del PIB de 2012 va a hacer que el ratio no descienda tanto como el gasto. Hay que tener en cuenta la evolución de los ingresos, pero no creo que pueda compensar los factores anteriores.

Es decir, ya tenemos a la vista 2 de las 3 crisis posibles que se pueden presentar en términos macroeconómicos: crisis  de déficit fiscal y crisis de deuda. La tercera es la crisis de tipo de cambio, pero de esa nos salvamos porque estamos en la zona Euro.

Parece sorprendente que en estas circunstancias los mercados financieros sean tan alcistas y que la deuda española tenga tan buena acogida en las subastas del Tesoro. Pero quizá no lo sea tanto si tenemos en cuenta que el Estado ha utilizado todos los recursos financieros propios y de los bancos comerciales que ha precisado para colocar dicha deuda y que los mercados han dado por hecho que el Banco Central Europeo cumplirá la promesa de comprar toda la deuda en el mercado secundario en cuanto se solicite el rescate (que han apostado que sí tendrá lugar).

En cualquier caso, no veo razón para relajar la política económica: no basta con decir que "no piensan dormirse en los laureles". Lo que hay que hacer son reformas serias, no meros anuncios de intenciones. Una reforma requiere su tiempo de preparación, y sus efectos no son inmediatos. Basta recordar el datos de la tasa de desempleo juvenil para darse cuenta de que se necesita una transformación seria de la legislación laboral y del sistema educativo. La reforma del sistema financiero no se puede arreglar con un par  de decretos y los mecanismos reguladores y de supervisión de los mercados son fundamentales: un funcionamiento ineficiente de los mismos puede tener consecuencias fatales sobre la economía, como hemos podido comprobar.

No obstante, hasta la fecha sólo hemos visto una reforma parcial de mercado de trabajo y muchos recortes, pero no reformas. Y no se observa que haya impulso para hacer las reformas que necesitamos. Al principio pensaba que se estaban retrasando por culpa del ciclo político-electoral, pero ya no estoy tan seguro. El problema es que los problemas no van a desaparecer solos, y la solución no nos la va a proporcionar la Unión Europea. El esfuerzo lo va a tener que realizar la economía española y el coste va a ser elevado (en términos económicos y políticos). Las reformas eran necesarias antes de que empezase la crisis y siguen siendo imprescindibles.

Pero los ciudadanos, que son al final los más perjudicados por los recortes, necesitan tener información de qué y por qué se van a tomar todas las medidas. Las reformas son necesarias porque nos permitirán crecer en el futuro, pero no en el futuro inmediato. De hecho, el efecto inmediato de las reformas es contractivo. El problema es que si no se llevan a cabo no podremos aprovecharnos del cambio de ciclo que se produzca en el resto de la UE debido a que tendremos unas instituciones y una economía escleróticas que no nos permitirán aprovechar nuestras oportunidades.

Miguel Ángel Arranz.
Profesor de economía monetaria en la UCM