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¿Ha sido el caballo de Troya para conseguir la independencia para Catalunya?

Pero en todo esto, hay una cuestión emocional y una cuestión práctica. Pues tal  falacia del argumento de obedecer en el encargo, la palabra independencia puede ser efervescente y engañosa, pues las interpretaciones vagan a veces livianas y frágiles como el cristal. 

Los políticos que desean una posible  transición hacia el autogobierno han encendido la flama, que arde en los pensamientos del resto de España; creando un conflicto, un drama inmerecido quizás. El peligro de la escasez y la presencia  de una crisis endémica y de una desconfianza de perder el estado del bienestar, ha empujado a alternativas mucho más individualistas, haciendo crispar y excitando  a las conciencias más emancipadas con intenciones de desligarse del camino del estado español; antesala y cultivo de paradojas y dicotomías eternas que aspiran a un eterno y quimérico referéndum, que de momento, es cosa compleja y enredada dentro de un marco legal y constitucional. Y codificar todo esto, es tarea compleja de apresurado diagnostico  y de difícil  intrincado, pasando de un independentismo emocional y sentimental de toda la vida, a un independentismo pragmático y funcional, que ahora, algunos, parece que van a pecho desnudo a obedecer el encargo porqué han visto la luz de la oportunidad y la hora de la casualidad.

Algunos políticos ya han adoptando el rol de mesías  y guías incorpóreos curtidos en mil batallas,  aprovechando la confusión y el delirio de estos acontecimientos, que han disparado el iniciador inmóvil y silencioso del Gobierno de Madrid, con el verano aún caliente después de tan corta y breve ausencia estival.

Felicidad y paraíso no suelen hacer simbiosis, ni tampoco compartir laureados emblemas que suelen ser antagónicos dando desenlaces sin consecuencia. Igual, es que la libertad absoluta no existe, ni esté más a mano que la idiosincrasia más individualista. Se anhela un referéndum ahorcado por la ley antes de nacer, por qué  probablemente se podrá construir el andamiaje, pero no el edificio que sustente y soporte un peso (independentista) que puede desgarrar las intenciones de un estado propio y gestión del goce acompasado de autogobierno, debiendo intentar esquivar el conflicto irracional  y de cruzada disparatada  para no acabar en cenizas esparcidas que se volatilizarían en el aire..

El peligro artificioso sería interpretar el “texto fuera del contexto”. Y como de textos hablamos, podemos incluso hallar un análogo de semejanzas maravillosas con una tragedia griega: La Iliada, que es texto de venganzas y ajustes al uso de la tragedia humana. Pues no debemos olvidar que la democracia la inventaron los griegos, y la vamos desfigurando entre la torpeza de los hombres contemporáneos, que van buscando entre los rincones  el hueco que les sirva de  pórtico para cambiar las reglas del juego. No todas las montañas se escalan, no todos los mares se navegan, pero los políticos en su nebulosa incertidumbre han de buscar hasta por las charcas.

Legítimamente las manifestaciones no dan más provecho que él de una respuesta espontanea de la ciudadanía, y hay que observar en que coyuntura se produce tal evento, pues  no se suelen resolver las cuestiones de hoy para mañana. Porque lo qué hay, es una angustia, una impotencia, una furia de paños mojados y confundidora entre la población. A veces de miedos ocultos y de agarrarse a un clavo ardiendo para salvar el status mínimo que nos deje respirar para coexistir.