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Lecciones del Papa

No sólo eso, si no que el proceso de sucesión ya está abierto, y ahora comienzan las escaramuzas de los grupos de presión de la Iglesia por intentar colocar a sus favoritos en la lista de papables. Unos dicen que si mejor un italiano, otros que si un Asiático, desde el otro extremo apuestan por un americano. Y así vamos a estar hasta que el 28 de febrero, Benedicto XVI se marche, y se convoque un Cónclave donde se vote al que será el nuevo Papa. Comenzará así un largo proceso que puede durar días o semanas, en donde los Cardenales con derecho a voto, llevarán a cabo intensas jornadas de estudio, rezo y votación para dar con el nuevo ocupante del trono de San Pedro.

Pero del adiós de Benedicto XVI se pueden extraer muchas lecciones. La primera, de valentía y responsabilidad. La renuncia –desde el convencimiento- cuando no se puede dar lo mejor de sí mismo para ocupar un cargo. Dejando paso, de este modo, a quien pueda realmente tomar el relevo con fuerza para que la nave siga en lo más alto. Pero también es una lección de humildad, asumiendo las debilidades del ser humano, que a todos en un momento u otro nos afectan.

En el caso del Papa ha sido la vejez. Pero eso puede aplicarse también a otras debilidades humanas, como la del sobrecogimiento, la corrupción o el interés por la riqueza desmedida a costa de todo lo que se  nos ponga por delante. El adiós de Benedicto XVI debe servir como ejemplo para aquellos que se aferran a su cargo por encima de todas las cosas. Primando su interés personal frente al interés general. Algo loable y admirable en la figura del Santo Padre, pero que deben aplicarse también nuestros líderes políticos y empresariales, a quienes también se les supone un halo de ejemplaridad en la vida pública.