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O ley de la selva, o seguridad social

No sé si le faltan neuronas a él o a mí. La sanidad privada es mejor, dice, porque utiliza los equipos tecnológicos más horas, es más flexible y, añade con la chulería propia de quien se considera inmune, no sufre “los esquemas funcionariales de la sanidad pública, con sueldos más altos y menos productividad”. Y se queda tan pancho, porque cree que con él no va la movida.

 

Y yo creo que sí. Con él, conmigo, y con cualquiera de ustedes. Porque la traducción en tiempo real es otra. Es que en la sanidad privada no importa que se curre veinticinco horas sin pegar ojo, que quien no aguante el ritmo que se aguante o reviente, que si quieres atención es mejor que llenes la faja de quien te atiende, y que lo importante no es que tu niño salga sano de urgencias, sino en el tiempo que sea más rentable.

Esto es así, por más revisiones que necesite la sanidad pública, que las necesita, para funcionar como es debido. Pero elijan ustedes: o ley de la selva, o seguridad social. Todo lo demás es jugar a las hipocresías del mercado.