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Lo que nos enseña la Roja (y 2)

Equipo, colaboración y cooperación. Todos tocan, todos forman parte del juego, todos ocupan su sitio y, a veces, se intercambian. Delanteros y medios que bajan a defender, defensas que suben a rematar. Nadie actúa en términos de “esa no es mi responsabilidad”. No hay lugar para “egos”, no hay lugar para figurines. No obstante, cada jugador ocupa su sitio porque con el tiempo ha ido encontrando que ese y no otro es el lugar más adecuado para desplegar sus activos y cualidades. Alguien vio sus cualidades para una posición y no para otra. ¿Es así en las empresas de hoy?

Pero lo que me parece más extraordinario respecto a lo que podemos aprender de la Roja es que por una vez he podido asistir a un cambio de paradigma. Las personas han dejado de ser recursos para ser sujetos activos y ha sido la organización (la selección) la que se ha convertido en el recurso de las personas. Me explico un poco más.

Ha sido la selección como organización la que se ha convertido en el recurso para explotar (en el sentido más noble del término) de forma magistral el talento, la capacidad y el saber hacer de cada uno de los jugadores. Ya no es una organización quien usa el factor humano como recurso, son las personas quienes usan la organización para mostrar al mundo lo que saben hacer. En las empresas se maneja y se habla de las personas como recursos, se fijan estrategias, modos, maneras, tácticas, etc. y se usan a las personas (recursos humanos) en función de todo ello. Fíjense en el inmenso cambio que supone pasar de ser recursos a convertir a la organización en el recurso para desarrollar el saber hacer. Por eso hablo de cambio de paradigma.

¿Qué pasaría si en las empresas se dejara que las áreas, las unidades de negocio, los departamentos, etc. se convirtieran en recursos para que las personas de los mismos pusieran en movimiento y acción todo lo que saben y conocen? Tengo el convencimiento de que habría un cambio muy importante, posiblemente más de lo que nos podemos imaginar.

¿Cuántas empresas conocemos que estuvieran dispuestas a esto?

¿Y el entrenador, don Vicente del Bosque? Al igual que Luis Aragonés comprendió que los jugadores sabían jugar, tocar el balón, sabían relacionarse en el campo, tenían hambre de títulos y podían formar un bloque tremendo. Les dejó hacer y lo manifestó: es su estilo, es como saben jugar.

Pero además, este entrenador comprendió que su éxito era el éxito de sus jugadores. Dio la cara en los momentos en que arreciaron las críticas y ha sabido desaparecer de forma discreta cuando estos han celebrado por todo lo alto los triunfos. No ha habido atribución de méritos. Ha sido tan buen manager que no ha intervenido y como dice mi gran amigo Iñaqui, (que de esto sabe mucho más que yo) el manager descansa porque sabe que su equipo sabe hacer el trabajo mejor que él.

¿Cuántos managers conocemos en el mundo de la empresa que sean capaces de actuar como lo ha hecho Vicente del Bosque? ¿A cuántos lo que les gusta es ser vistos y vistosos?

Recuerdo cuando a Vicente del Bosque se le despidió del Real Madrid bajo el argumento de que se necesitaba un nuevo entrenador del siglo XXI, de otros tiempos más modernos. Se acuerdan de los personajes que lo dijeron (el gran presidente y el otro al que llamaban el filósofo del fútbol). Pues bien, tengo para mí que en la empresa moderna hay mucha afición a las cosas nuevas, a las modernidades y se olvida lo esencial, lo que Vicente del Bosque y antes Luis Aragonés sabían y no olvidaron.