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El Estado se lo tiene ganado

Para demostrarles que no, dejen que les ponga el caso de un amigo imaginario. Se llama Cristóbal y le pasa más o menos lo que al Estado: que producir, el hombre produce, pero tiene tantos gastos familiares que para hacerles frente tiene que pedir prestado, y cada vez debe más. El hombre no da crédito a su bolsillo, porque según pasa el tiempo se aprieta a sí mismo las tuercas para gastar lo imprescindible, pero los intereses de todo lo que debe, que es ya tanto como todo lo que produce en un año, no les dejan ni tomar aire.

Pero así entre ustedes y yo, y a pesar de que Cristóbal es mi amigo imaginario, les diré que Cristóbal se lo tiene bien ganado. Cuando echaron a la calle al director de su sucursal le prestó unos cuantos billetes para que saliera adelante, que quitó de la guardería de los niños. Y cuando su amigo el constructor quebró, rompió la hucha de las medicinas para echarle un cable. Ahora resulta que los mismos a los que ayudó es a los que debe dinero, que no le pasan una cuota, mientras ya no tiene para pagar los libros del colegio de los niños ni para tener en casa un par de aspirinas por si acaso. Lo dicho. Se lo tiene ganado. Por listo. O por listillo.