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Los macarras del Congreso

Y aquí nos plantamos 142 años después, en el civilizadísimo año 2012, en un Congreso de los Diputados repleto de micrófonos, de nuevas tecnologías – pero – coincidirán conmigo, una clase política que hace 142 años no hubiera pasado de los leones que presiden la entrada de la Cámara Baja.

Por aquel entonces, en el Madrid de la primera República, aquel de Prim, Sagasta, aquel Madrid en el que algo más tarde de las 20 de la tarde a uno le podía pasar de todo, aquel Madrid salvaje hipnotizado por sucesos violentos, testigo de la justicia por la mano de cada uno, aquella época que desde lejos vemos como un tiempo inestable y violento…nunca daría espacio parlamentario a la a vergonzante clase política que hoy nos representa en la cámara parlamentaria.

Es curioso, pero es cierto, yo firmaba con sangre tener políticos como los de entonces, porque – permítanme que les diga – a mí por lo menos, los que están calentando los sillones del Congreso  me dan vergüenza. No todos, es cierto, pero dejen que me lleve hoy por  los sentimientos al decirles que ver los jadeos, los arrabaleros insultos, los gritos, abucheos que se oyen, que se ven sesión tras sesión, día tras día en el Congreso de los Diputados me provoca la náusea.

Estamos representados por unos macarras que se escupen insultos desde un lado del hemiciclo al contrario, que manipulan como si de un explosivo se tratara las palabras, los gestos del contrario para que les exploten en las manos. Ser testigo de los aplausos, de los gritos histéricos y ordinarios que se arrojan los señores diputados a mi me provocan el vómito.

El último ejemplo (que no es el único) es el vídeo en el que la diputada popular Andrea Fabra – supuestamente – grita “QUE SE JODAN” desde la bancada popular. Escoge un mal momento la diputada, lo hace justo en el momento en el que el presidente del Gobierno anuncia el recorte de la prestación por desempleo. Pide su cabeza media España, empezando por la portavoz del PSOE, Soraya Rodriguez (otro día Soraya hablamos de tí si quieres).

Se ha excusado la popular en una entrevista concedida a la Agencia EFE; al parecer dice que los insultos no iban destinados a los parados, sino que se los dedicó a los socialistas. Pero vamos a ver, ¿Y qué más da a quién se insulte, a quién se diga QUE SE JODAN? La Ley (en la que hoy por ejemplo el ministro Montoro se ha escudado para evitar decir que Comunidades están pre-intervenidas) debería fulminar del Congreso a personas que hagan lo que ha hecho la señora Fabra. El insulto, señores diputados, en la Cámara donde están representando al pueblo  debería estar penado por la Ley.

Y es una pena que tenga yo que invocar a la Ley para que depure responsabilidades en este tema, porque tendría que ser el presidente – en este caso del PP – el que no vacilara a la hora de segar la permanencia de la señora Fabra en el Congreso de los Diputados, que debería haber sido de manera inmediata.

Sin embargo, no ocurre y no me extraña ni me sorprende que la vergonzosa actitud de algunos miembros de los partidos políticos sea tolerada por sus presidentes.

¿Esto es tolerable, y romper la disciplina de partido, discrepar de un dictado borreguil es motivo de sanción, o incluso expulsión de militancia? Siento una profunda vergüenza, me da vergüenza terrible que fuera de España sean testigos de la actitud de los parlamentarios que me representan, sean de partido que sean.

Y no me digan que es que cada uno es de su padre y de su madre, porque son 350. O el señor Rajoy y señor Rubalcaba escogen mejor, o cortan esto de raíz, porque se están cargando un espacio en el que han debatido políticos – porque muchos de los que están ahora ahí metidos para mí no son políticos – políticos como los que había no hace mucho, que debatía en un Congreso de los Diputados; no en un patio de colegio, en una verdulería que es lo que han hecho de un espacio que representa a los españoles, una verdulería que es lo que han terminado por convertir a España.