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Los maquinistas de la política

No me juzguen a mí, sino a los amos del calabozo de las paranoias democráticas, que invierten en servicios de espionaje y películas de Hollywood a partes iguales. Al lío. Si yo estuviera al frente de los servicios de inteligencia, la misma noche de autos del accidente de Santiago habría llegado a un acuerdo con el maquinista. Algo del tipo: te destrozamos la vida, incluso oficialmente comunicamos tu suicidio, y a cambio tú callas la boca para siempre, resolvemos tu vida para el resto de tus días y salvamos los muebles de los contratos de infraestructuras.

Llámenme paranoico, pero les repito que no soy yo, que es el sistema. Lo pueden ver cada día: desde las facturas impagadas hasta los rescates pagados con nuestro dinero para que los bancos especulen con la deuda pública. Repito: el sistema es el que está loco, el que va por encima de sus propios límites y el que nos hará descarrilar a todos. No conozco la catadura moral del maquinista ni me apetece conocerla. Es un mortal más. Sí conozco la de los maquinistas de la política, y me repugna. Así que los sapos, a ellos.