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Estos mares no me sirven

Lo había leído todo y había desarrollado numerosas teorías innovadoras al respecto. Estaba convencido del gran potencial que los mares tienen en cuanto a proporcionar energía aprovechable a la humanidad, y había convencido al mundo de que él tenía las formulas precisas para ello.

Asesoraba a la ONU, al Banco Mundial, a los Gobiernos de los más grandes países mundiales… Gozaba de altísimo prestigio y de una cada vez mayor fortuna económica, no en balde se le retribuían sus conferencias y consejos a la altura de sus teóricas aportaciones. Solo una sombra empañaba su plena satisfacción, sus conclusiones nunca eran seguidas hasta sus últimas consecuencias, siempre surgían intereses, que él calificaba de espurios, que impedían la consumación de las mismas.

Pero la crisis energética mundial se agravó y puso en grave peligro el sostenimiento de los logros más básicos obtenidos por el progreso tecnológico, incluso el agua potable escaseaba en las grandes poblaciones; y la situación se agravaba día a día. Todas las miradas se volvieron hacia nuestro gran hombre, hacia nuestro “santón” laico de las energías renovables, que por tal era tenido.

La humanidad se postró a sus pies y le rogó que tomara las riendas de la nueva política energética, basada en el potencial de los mares, sobre los que tanto había escrito y hablado.

Cinco años estuvo desplazándose por todos los mares del mundo, “conociéndolos en su realidad” por primera vez, ya que no había tenido tiempo hasta entonces.

Finalmente nuestro Gran hombre convocó una grandiosa rueda de prensa. Todo el mundo estaba expectante ante sus conclusiones, de las que solo existían multitud de rumores, pero ninguna información realmente fiable.
“Señores – anunció-, todos ustedes saben de la altura intelectual de mi trabajo. Durante cinco años he puesto todo mi conocimiento y experiencia al servicio de un proyecto que resolvería el mayor de los problemas de la humanidad. No he escatimado ningún medio, pero finalmente he tenido que rendirme a una conclusión frustrante: ¡Estos mares no me sirven!

Recuerdo la frase del Premio Nobel de Medicina Alexis Carrel (http://es.wikipedia.org/wiki/Alexis_Carrel ) : “Poca observación y muchas teorías llevan al error. Mucha observación y pocas teorías llevan a la verdad”.

Cuantas veces soportamos, en todos los niveles de nuestra sociedad, a este tipo de “expertos” consagrados por la “intelectualidad” dominante, que nos están llevando al desastre, por su desconocimiento de la verdad. Estamos asistiendo a un resurgimiento de la “dictadura de las ideologías” que trata de imponer sus conclusiones al margen de la realidad, y cuando el contraste es insostenible: es la realidad la que no sirve.
Personajes como Jeremy Rifkin, inventor de nuevos fundamentos antropológicos sin personas, y defensor de una vuelta al Medievo en materia energética, y políticos como la misma Ángela Merkel, que hace dos años afirmó sobre la crisis europea que "en cierto modo, es una lucha entre la política y los mercados. Tenemos que restablecer la primacía de la política sobre los mercados", son los que están de moda y su actitud es la de una firme apuesta por sus ideas, que anteponen a la realidad, que sufre el resto de sus conciudadanos.

¿Cuándo se impondrá la vuelta a la sensatez, a la verdad?, que no por ser “la de siempre” ha dejado de ser válida.
¿Cómo acaba la fabula con la que comenzaba? Creo que la NASA, la Agencia Espacial Europea y un consorcio de países pobres pero “progresistas” están buscando nuevos mares en el espacio exterior, para ver si le sirve a nuestro sabio alguno de ellos.

José Barta
Profesor de Estrategia para Mercados Hostiles
Presidente de Baral Internacional. Banca de inversión
Madrid 23 de enero de 2012