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Gran marrón el de Montoro

Acudir al Congreso a explicar los pormenores de la amnistía fiscal, y dejar claro que Luis Bárcenas no ha acudido a ella, o que si lo ha hecho, no ha sido a sabiendas del Gobierno, le va a resultar difícil por no decir que imposible. A ver como lidia ese toro el Ministro de Hacienda que, además, va a tener que hacer piruetas con la Ley General Tributaria, que impide la publicación o  uso de los datos fiscales de los contribuyentes.

 

A ver lo que dice Montoro, que además va a tener que enfrentarse a las duras preguntas de la oposición, más interesada en hacer caer piezas valiosas en el Gobierno, que en aclarar de dónde era el dinero de Bárcenas, o si hubo contabilidad B en el Partido Popular. Un aspecto en el que se equivocan nuestras formaciones políticas, sobre todo el Partido Socialista. En primer lugar, porque tiene mucho que callar, y ahora además tendrá que explicar dónde están 2.300 millones de euros del Ministerio de Fomento que le faltan al Tribunal de Cuentas de la época de José Blanco y Magdalena Álvarez. Pero más allá de eso, es que lo que se juega estos días –y con estos escándalos- nuestra política y nuestro país, es mucho más.

Un Gobierno, por el mero hecho de serlo y de haber sido elegido, tiene lo que los romanos denominaban como potestas. Es decir, el poder socialmente reconocido y que tiene capacidad para ejercerlo. Pero claro, en un momento como éste, con una crisis de caballo y en el que se piden sacrificios a los ciudadanos, también necesita tener la autorictas. Es decir, una cierta legitimación social para poder pedir –o exigir- esos esfuerzos. Esto es, ni más ni menos, lo que se está jugando España. El que el ciudadano confíe en sus gobernantes para dirigirlo, porque de no ser así, o volvemos a tiempos pasados donde con tener potestas era suficiente, o empezarán a aparecer Hugo Chávez a la española que se llevarán de calle a los ciudadanos  bajo la falsa promesa del nacionalismo y del todo por el pueblo, aunque luego sea sin el pueblo. Eso, por no hablar de brotes de violencia social. Algo que, por cierto, temen ya el 63% de nuestros empresarios, según el estudio de PWC que se ha presentado como antesala al Foro de Davos que hoy comienza.