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Haciendo memoria

El Gobierno de Evo Morales se reafirma en su decisión de expropiar a  Abertis y Aena su filial en el país, SABSA, y nacionalizar la compañía. Los argumentos son los mismos que empleó el ejecutivo boliviano al expropiar las cuatro filiales de Iberdrola o la de Red Eléctrica hace tan sólo unos meses: la falta de inversiones en el país, algo que la propia compañía desmiente. Y como prueba, dicen, un botón: entre 2005 y 2012 se han invertido casi 13 millones de dólares, otros 38 millones en cánones y otros 9 millones y medio en impuestos. Y todo con unas tarifas aeroportuarias congeladas por parte del Gobierno durante la última década.

 

El impacto que puede tener para las cuentas de Abertis –que se conocerán hoy- será mínimo. Supone el 0.5% de la facturación total del grupo. Es decir, unos 22 millones de euros, frente a los 1.134 millones de euros de beneficio que se estima obtenga en 2012. Un 57% más que en 2012 por la venta de Eutelsat y por el ttraspaso de la firma portuguesa de autopistas Brisa. Pero sea como sea, Bolivia no deja de ser un trastorno, y la demostración de que Bolivia se está volviendo un país poco fiable para llevar hasta allí inversión extranjera.

Y que se anden con ojo otras empresas españolas: BBVA, Repsol YPF o Santillana son las pocas compañías que todavía quedan en el país, en el que España es el segundo país inversor después de Estados Unidos. Quizá por eso el Gobierno debería plantear una acción de protesta contundente, ya que en menos de un año hemos vivido la expropiación de Iberdrola, Red Eléctrica y ahora de Abertis. Todo ello sin olvidar que, en Argentina, también tuvimos el problema de YPF para Repsol. Desde luego movimientos que no invitan a la seguridad jurídica ni al aumento de inversión, y que debe llevar a García Margallo a replantear su famosa diplomacia económica, pues es evidente que no está dando los frutos esperados. El Gobierno debe y tiene la obligación de defender a nuestras empresas en el exterior, y de hacer comprender al ejecutivo de Evo Morales que va en la dirección opuesta y que, a este ritmo, ahuyentará a cualquier inversor internacional.