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Los mini-jobs no son la solución, pero ayudarán

Se trata de trabajos de “baja consideración”, a tiempo parcial y cuya remuneración asciende a 400 euros. Eso sí, tienes derecho a Seguridad Social, vacaciones, días de despido. Y voluntariamente, el trabajador también puede contribuir a pagar un porcentaje mínimo de algunas de las prestaciones esenciales. De este modo, el empresario que haga un “mini-job abonaría en Alemania unos 520 euros mensuales por ese empleado.

Evidentemente es una propuesta que no es la panacea, ni tampoco va a ser la solución al drama de los cinco millones de parados que tenemos en España. Se trata, bajo mi punto de vista, de un punto de partida para poder estimular el mercado laboral. De un sistema que permita a ese millón y medio de desempleados carentes de prestaciones poder reincorporarse a un trabajo y tener algún tipo de ingreso. No sólo eso, también es una forma de conseguir que el trabajador no quede descolgado del mercado laboral durante mucho tiempo y, de ese modo, darle un cierto margen hasta que consiga encontrar un empleo a tiempo completo.

Los “mini-jobs” no deben servir, eso sí, como sustituto de los contratos formativos. Deben ser un complemento y su uso debe estar limitado en el tiempo para evitar los abusos. Tanto por parte del empleador como del empleado. Y sinceramente, me parece una buena fórmula de otorgar un complemento a aquellas personas que llevan ya un tiempo fuera del mercado laboral o para los jóvenes que buscan su primer empleo.

Esta crisis está cambiando todos los paradigmas establecidos hasta ahora. Debemos empezar a mentalizarnos de que no podemos buscar un trabajo hasta “encontrar algo”. Hay que moverse y ver en dónde tenemos cabida. Los empleos no van a venir a buscarnos y, en muchos casos, las oportunidades profesionales pasarán por la reinvención, el autoempleo y el emprendimiento.

Suena duro, pero la propuesta de los “mini-jobs” es más acertada que la subvención de 420 euros a aquellas personas que se quedan sin prestación por desempleo. Un subsidio, tan habitual en España, donde papá Estado te ayuda porque lo estás pasando mal. Y eso no está mal, pero como padre que es, también debe obligarte a buscar trabajo y a evitar la picaresca. Para ello, la verdad, no se me ocurre mejor forma que fomentando la creación de empleo y a obligar a “buscar” un trabajo. Sinceramente, en tiempos de crisis, toda ayuda –por poca que sea- es positiva.