No hay Ibex que cien años dure

Cuando de hablar de la Bolsa se trata, y más en concreto del Ibex 35, lo fácil es que nos asalten titulares de lo menos tranquilizadores. Sobre todo si suceden en contextos hostiles como el actual, y bajo presiones de todo tipo en esta tormenta perfecta. Y sin embargo basta con aplicar algo de perspectiva histórica para, al menos, aplacar los ánimos. Y observar que casi ningún movimiento de subida o bajada ha sido permanente, y que no hay mal que cien años dure.

Por ejemplo, entre septiembre de 1997 y septiembre de 1998, el Ibex se duplicó desde los 6.500 hasta casi los 13.000 en seis meses, para regresar medio año después a los 6.500. El ciclo se repitió un año más tarde. Y otro ejemplo, en 2002, el selectivo se dejó por el camino más de un 25% que recuperó, sin despeinarse demasiado, en el siguiente ejercicio

Así las cosas, los movimientos bursátiles se retratan como lo que son: operaciones sobre perspectivas a corto plazo y de interés de extrema particularidad. Lo cual no es objetable. Allá cada cual con sus ahorros los invierta como quiera o sepa. Pero sí es discutible si esa perspectiva es la que nos permitirá deglutir el mal trago de los últimos cincos años, relacionado con un cambio de modelo, y no con el cortoplacismo de quienes juegan a ser reyes de taifas financieras. Emilio, el portero de Aquí no hay quien viva, lo resumiría con su proverbial “un poquito de por favor, señor Cuesta”.

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