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Cuatro patas sí, dos patas no

Después los marranos aprenden a caminar como los bípedos y lanzan la proclama “cuatro patas sí, dos patas también”, hasta que finalmente se acomodan a ser los nuevos rasputines, y terminan invocando justo lo contrario de lo que les hizo liderar la rebelión: “cuatro patas no, dos patas sí”.

 

Una de nuestras grandes diferencias con la política norteamericana, o más bien anglosajona, es lo que no perdonamos a nuestros dirigentes. Mientras en la Europa civilizada es el lujo y la ostentación, y en los países latinos somos tan torpes de castigar la torpeza, en el mundo anglosajón la mentira es el mayor traspié que puede cometer un dirigente. Sobre todo cuando se le pilla con el carrito de los helados y el donde dije digo, digo Diego.

Viene lo anterior a cuenta de la luz verde del Parlamento Europeo para tasar las transacciones financieras, a petición de once países, España entre ellos. Una medida que hace solo un lustro nuestros dirigentes calificaban de utópica, porque provocaría una fuga de capitales. Mentían entonces, o mienten ahora. Qué lástima que aquí la mentira sea un mal menor, aceptado por la fuerza de los hechos.