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El PIB no se entera

Al menos, si nos fiamos de los datos oficiales del PIB, que cae un 0,6%, y que muestra que más que plantar cara a la recesión, es ella la que se está rilando en nuestra jeta y en nuestros ajustes.

 

A lo mejor es eso. A lo mejor es que con el cambio de época que vivimos, y que más cuesta asumir según se tiene más poder, los indicadores de toda la vida como el PIB no valen un pimiento. Que muchas veces se nos pasa por alto que del PIB desconfiaba hasta el padre atribuido de la criatura, el economista ruso-estadounidense Simon Kuznets. Dijo que era muy difícil medir el bienestar de una nación solo por su renta per cápita, pero nosotros a lo nuestro, a seguir midiendo, con perdón, lo larga que la tenemos y no lo bien que nos funciona.

Stiglitz es otro de los que más pone en solfa la contabilidad nacional como ejemplo fehaciente de lo capaces que somos, pero desde que a Stiglitz le ha dado por fustigar al capitalismo, mejor dicho, a sus perversiones, se le toma como a un desclasado. No vaya a ser que tenga razón, y haya que reformularlo todo. “Virgencita –dicen quienes no saben cómo arreglar esto–, que me quede como estoy”.