Preferentes: cuestión de cinismo

No lo decimos nosotros los de a pie, que son ustedes mismos, los del coche oficial, quienes se delatan: Novagalicia, Catalunya Banc y Bankia. Tres bancos, me dirán. Ni hablar del peluquín: tres monstruos financieros resultantes de fusiones improvisadas de cajas repletas de activos tóxicos. Y no fueron las hipotecas de turno, de barriada de clase media venida a más, las que tumbaron a las cajas. No. Fueron los créditos mulitmillonarios concedidos a dedo para los amiguetes de turno, y de club de carretera, de quienes ahora se las dan de salvapatrias.

 

Créditos que, para ser sostenidos, necesitaban del concurso acrítico y convulso del respetable, invirtiendo sus pequeñas fortunas en destinos que prometían el Maná. Así que menos palmaditas, don Alfredo, don Mariano, que sus secuaces son los responsables directos de este tsunami. Dicen ahora que las preferentes fueron una “comercialización engañosa”. ¿Ahora? Cuánto cinismo se gastan, caballeros. Cuánto cinismo.

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