Quemar las naves

Nos situamos en el año 2006. Congreso de Ciudades Digitales en Segovia, entonces algo muy pionero. Cena de conferenciantes y asistentes, y en mi mesa varios ejecutivos argentinos de telefonía. La conversación, inevitable, deriva hacia el corralito y la situación en Buenos Aires. Al cabo les comento que a saber si nos va a suceder algo parecido en España, con tanto ladrillazo y tanto compadreo. No creo, loco, me dice, acá ustedes tienen instituciones serias.

 

Ya lo ven. No han pasado ni diez años y el controvertido economista alemán Hans-Werner Sinn nos advierte de que nos queda por lo menos un decenio de pasarlas canutas, y que nuestra economía deberá devaluarse un 30%, como la de Portugal y la de Grecia. Y todo por el “efecto tango” del euro. “Efecto tango”, es decir, que nuestras instituciones no eran tan serias, y que sí, que al final quien les habla tenía razón en 2006: que aquella riqueza era puro cuento, y que nos toca pagar los platos rotos. Sin corralito, nos dicen. ¡Ja! Tiempo al tiempo.

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