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¿Para cuándo la reforma del transporte ferroviario?

La Ministra también habló de la “fantástica” reforma laboral, así como de otras “reformas estructurales” que vienen siendo lugar común en la jerga de nuestros gobernantes.

Sobre lo que no mencionó ni una sola palabra fue sobre la insostenible estructura de transporte terrestre de mercancías que tenemos en España. Una estructura basada casi exclusivamente en el transporte por carretera que genera importantes gastos de mantenimiento y conservación, así como sanitarios – debido al alto riesgo de accidentes -, junto con un alto consumo de combustible de origen fósil y una importantísima contaminación atmosférica y acústica.

Desde comienzo de los años 80 vengo estudiando las distintas soluciones existentes en Europa, para convertir la opción ferroviaria en una buena alternativa del transporte, no solo de larga distancia – como afirman algunos desconocedores de las nuevas tecnologías bimodales – también para media distancia.

No estamos inventando nada nuevo, en el año 1984 la empresa italiana Ansaldo Trasporti, compitiendo con otras muchas, estaba desarrollando plataformas ferroviarias – denominadas vagones para carreteras rodantes – con y sin cabina tractora, que permitiera la transición de la carga de la carretera al ferrocarril – y viceversa – con los mínimos costes de tiempo y equipos de carga, siendo todas las propuestas de estudio despreciadas por parte del Estado español. Lo conozco bien ya que en aquella época mantuve una colaboración regular con la misma.

Dado que tanto desde Bruselas (Berlín) como desde el des-Gobierno Rajoy no paran de mostrarnos los diversos modelos centroeuropeos, como paradigmas de nuestras reformas, sorprende que no se urja el cambio del modelo de transporte terrestre, en el que tantas diferencias mantenemos con ellos, como elemento de mejora de nuestra competitividad.

En la UE-15, del transporte terrestre total de mercancías, por carretera se realiza el 78%, el ferrocarril representa el 15% y el 7% restante se transporta por vía fluvial; en España por carretera se realiza el 96% de las mercancías y tan sólo el 4% de la demanda de larga distancia se realiza por ferrocarril.
 

Como puede apreciarse en el grafico anterior, en España, el uso del ferrocarril para el transporte de mercancías es marginal, tan sólo en Grecia, Irlanda y Luxemburgo la participación es todavía menor. Y lo peor es que, desde 2000, en España, se ha venido produciendo una disminución constante de la participación del ferrocarril, que ha pasado del 7%  al 4% en 2010.
 

En definitiva un autentico problema estructural, que precisa de una urgente corrección, pero que arrastramos desde hace más de cuarenta años, y sobre el que no se hace absolutamente nada.

No puede decirse, al igual que sucede con la educación, o con la energía, o con la sanidad, o con la administración de justicia, que este problema estaba soterrado bajo las alfombras del Gobierno Zapatero. Tiempo han tenido los cuatro últimos gobiernos para estudiarlo y acometerlo, mejorando nuestra competitividad y nuestro posicionamiento logístico europeo.
Va siendo hora de que el Gobierno Rajoy muestre que es capaz de hacer algo más que recortar salarios, agilizar despidos  y subir impuestos indirectos. ¿O es que los intereses en contra – petroleras y gasolineras, así como industria del camión y grandes empresas del transporte – seguirán prevaleciendo a los del resto del país?

José Barta
15 de abril 2013