Noticias

Reputación on line: una apuesta al alza

Con la aparición de las nuevas plataformas 2.0 cada día es más y más necesario cuidar y observar la evolución de nuestra marca y “controlar”, en la medida de lo posible, su imagen en la web. No se trata sólo de mantener el tipo, se trata fundamentalmente de no bajar la guardia y de contrarrestar las informaciones negativas que se generen, con el fin de que desaparezcan de la red o de que ocupen posiciones poco relevantes en los buscadores para que no perjudiquen nuestra imagen “virtual”.

Se trata de un trabajo largo, de fondo y permanente. Sin embargo, también puede ser una labor puntual. En este sentido, la gestión de la reputación online pasa por tres fases: de monitoreo (conocer todo lo el contenido que hay en la red), de identificación y contrastación de la veracidad de los mensajes (analizar la información existente con especial atención a los mensajes negativos para hacer un seguimiento exhaustivo de ellos) y de reposicionamiento (tratar que desaparezcan esos mensajes  o que ocupen puestos insignificantes). Ahora, el posicionamiento y la percepción de la realidad por los ciudadanos en cualquier ámbito social, pasa irrefutablemente por este modelo de trabajo, un trabajo que se está convirtiendo en algo intrínseco a la labor de comunicar. Porque la reputación online está estrechamente ligada a la reputación de marca.

Esto lo saben bien los políticos y, de hecho, se ha publicado que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ha contratado los servicios de un especialista con la intención de lavar la imagen y la cara de los políticos, una labor, que a priori, parece bastante complicada visto el curso que están tomando los acontecimientos. En este caso no es sólo trabajar en la reputación online. Es necesario trabajar en un conjunto de actitudes y aptitudes que permitan asentar las bases para alcanzar su propósito.

El objetivo, según el propio experto en declaraciones a la Cadena Ser, es “buscar criterios para una democracia eficiente, para una democracia en la que los políticos resuelvan los problemas reales de los ciudadanos y no los creen de manera artificial, así como buscar un gobierno eficiente”. Desde luego, una buena declaración de intenciones que parece difícil llevar a buen puerto, porque, según él mismo argumentó, la percepción se modifica cuando se modifica la realidad.

Ejemplos aparte, antes de llegar a este punto, hay que empezar el trabajo por las bases. Y eso requiere de una buena labor de comunicación y de formación de los portavoces que serán, al fin y al cabo, la imagen más cercana de la empresa con sus trabajadores y los ciudadanos. Y dentro de ese trabajo de formación, hay que tener en cuenta detalles que suelen pasar desapercibidos, pero que delatan a los oradores. Dentro de un análisis minucioso y como información subliminal, hay aptitudes que no pasan desapercibidas al interlocutor y que, sin querer, transmite cercanía o rechazo.

Porque el lenguaje corporal es la expresión más espontánea de nuestros pensamientos. Ser puntual, mostrar interés por la persona, saludarse con un apretón de manos cordial y adecuado, puede ser un primer paso para una buena carta de presentación. Además, es conveniente vigilar la posición de las manos y del resto del cuerpo, que también puede dar pistas. Echar la cabeza hacia atrás indica rechazo e incredulidad; encoger cabeza y hombros, nerviosismo; mirar directamente, interés. Apretar los labios, ira contenida; cruzar los brazos resignación; o arrugar la frente indignación. Todo un manual de trabajo que hay que estudiar y tener en cuenta si se quiere empezar con buen pie. Y eso los expertos en comunicación lo saben bien.

Llegados a este punto, las empresas, aun las más tradicionales, que se han adentrado en el mundo de las 2.0, se ven en la necesidad de crear, alimentar y cuidar su reputación online, un activo que, a la larga, seguro que  les será rentable. Como afirma Oscar del Santo, experto en reputación online en su libro Reputación Online para todos, “En reputación online vale más prevenir que curar. Reparar la reputación de una persona o una empresa es mucho más costoso en tiempo y en dinero que una estrategia proactiva de prevención”.

Esther Ortega Alonso
Consultor sénior
@estherortegaa