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ERES: Sentido y sensibilidad

En los últimos días, he recibido información de profesionales próximos afectados por Expedientes de Regulación de Empleo que, aunque estén justificados en términos económicos, no han sido gestionados de forma eficiente desde el punto de vista de la comunicación. El mayor fallo en todos ellos: los afectados achacan a las empresas falta de sensibilidad en el proceso.

Qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué son, como en cualquier noticia, claves para una comunicación razonable de un ERE a los empleados.

¿Qué?

Aunque es difícil que el mensaje de que "estás despedido" sea bien recibido, trabajar en la argumentación, en el sentido y en la justificación del mismo, mejora los resultados.

¿Quién?
Cuando uno entra a formar parte de una empresa, es entrevistado en persona y por otras personas. Y trabaja durante uno, diez o veinticuatro años con las mismas personas. La actividad laboral se convierte en una relación entre personas. Es normal que las personas esperen que cuando su relación laboral deba terminar, se lo comunique otra persona. Una persona adecuada y relevante en su relación de trabajo.

Que ese papel lo ejerza una máquina (un e-mail en su pantalla o en su smart phone) o un mediador desconocido genera frustración y falta de empatía hacia la organización en el receptor de la noticia. La empresa se convierte en un ente sin sensibilidad.

¿Cuándo?

La decisión de llevar a cabo un expediente de regulación de empleo no es gratuita ni sencilla para ninguna empresa. Es necesario hacerlo con meditación (con mucha meditación), pero es importante evitar que las personas afectadas por un ERE sientan que su comunicación se hace con alevosía. Y mucho menos, todavía, con nocturnidad. Debe pensarse bien en el momento adecuado.

¿Cómo?
De forma individualizada y con “humanidad”.
Por el bien de todas las partes, los afectados deben ser los primeros en conocer la noticia. Nadie debería enterarse de su propio despido por un mensaje de un tercero en twitter o por una noticia en televisión. Por desgracia, cada día sucede más.

Aunque una decisión de ese calibre afecte a toda la organización y deba hacérsela partícipe, las personas afectadas deben recibir la noticia en privado y cara a cara. Hay que pensar en el receptor de la noticia.

¿Dónde?
La discreción suele ser una buena pauta de comportamiento en la vida, pero en estos casos se antoja absolutamente necesaria. Una noticia así debe contarse de forma íntima y en el escenario adecuado. Es frecuente escuchar el comentario: "Después de todo lo que he dado a esta empresa, me despiden por carta (o email), sin dar la cara". Qué menos que un despacho y un entorno digno para comunicar una noticia traumática en la mayoría de los casos.

¿Por qué?

Los motivos del despido deben estar bien argumentados y ser claros y basados en hechos objetivos. El despido debe tener explicación. Todos entendemos que estos días son días extremadamente difíciles para las empresas. Por eso, hay que razonar bien la decisión, argumentarla con datos y cifras creíbles y ciertos. Si los que se quedan no entienden correctamente el mensaje de que es una medida necesaria para poder garantizar la supervivencia de la empresa y consideran que se ha despedido injustamente a unos en beneficio de otros, las famosas listas negras, el deterioro en la calidad del trabajo se acelerará, dejando al margen, por supuesto, el mayor deterioro de imagen -prestigio- que inevitablemente sufrirá la empresa.

En cualquier ERE hay una realidad empresarial y un grupo de personas, con sus familias y sus sentimientos, afectado. También unos trabajadores que continúan y tienen que estar motivados y no asustados y cabreados. Todo tiene un sentido que debe contarse con sensibilidad.

Sonia Díaz
Directora
ESTUDIO DE COMUNICACIÓN