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Tobin y los cuatro fantásticos

La primera vez que oí hablar del tal James fue en el año 1994. Tenía quien les habla la mitad de años que ahora y el doble de esperanzas de que el mundo pudiera ir a mejor. Por eso me dio por acampar, en septiembre, octubre y noviembre del año de autos en la Castellana, bajo la bandera de la Plataforma 0,7% y al grito de “es justicia, no es caridad”. A saber si ahora tendría tiempo, ganas y esperanza para enrolarme en una aventura así. Ojalá. Pero no lo sé.

Fue entonces cuando descubrí al tal James y a una asociación que retomaba y relanzaba sus ideas. No sé si la conocerán. Se llama ATTAC. Si les digo el nombre de su fundador la mitad de ustedes sabrán de quién les hablo, y posiblemente con ganas de abandonar despavoridos esta columna: Ignacio Ramonet. ¿Saben ya de qué James les hablo? Exacto: de tito Tobin, y de su propuesta de tasa a las transacciones financieras internacionales.

 

No les resumo aquí el planteamiento de esa tasa porque no hay espacio para algo así y porque tienen información de sobra en la Wikipedia. Pero les aseguro que llevo todo el fin de semana miccionándome de la risa tras el espectáculo del viernes. Rajoy, Merkel, Monti y Hollande anunciando una tasa a las transacciones financieras, después de que durante 20 años la oligarquía haya llamado a Ramonet, a Tobin y a los suyos, como mínimo, utópicos, idealistas y soñadores. Ver para creer.