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Tragedia clásica televisiva

De hecho, Europa tiene mucho que agradecer a las radiotelevisiones públicas. Ellas han sido las encargadas de inyectar en la conciencia de los, hasta ayer ciudadanos, hoy súbditos de segunda, las recetas de la cleptocracia oficial contra la estafa, también llamada crisis. Jugando y deformando el lenguaje hasta límites insospechados. Por ejemplo, llamar gobiernos tecnócratas a lo que no son sino injerencias en la política, como el caso de Italia. Por ejemplo, transigir con el mensaje de que en el Sur nos hace falta más palo y menos zanahoria.

Que el Gobierno griego cierre de sopetón y sin previo aviso su radiotelevisión pública es un mensaje a navegantes. Si yo fuera cualquiera de los muchos cabecillas de nuestra Radio Televisión Española, me lo pensaría muy mucho antes de seguir obedeciendo a consignas que poco tienen que ver con una información plural. A lo mejor no hay tales consignas. Pero si las hay, cumplirlas no significa hoy promesa alguna de estabilidad en el futuro. El día menos pensado pueden decir que se cierra el chiringuito. Tanto tragar, para acabar de patitas en la calle, no vale la pena.