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Turquía no es Europa

Que los líderes políticos, sindicales, sociales, desconozcan la historia, en especial la más reciente, pone de manifiesto la ausencia de espíritu de servicio de nuestros próceres nacionales, sustituido por talantes “caciquiles”.
 

Lamentablemente, en algunos aspectos críticos para el futuro de Europa, la ignorancia de muchos de nuestros líderes tiene  líderes  se extiende a otros muchos del resto de la UE (ver mi artículo sobre la Europa que necesitamos http://josebarta.com/2012/08/02/necesitamos-mas-europa-pero-que-europa/ ). Este es el caso de la recurrente campaña a favor de la integración de Turquía en la Unión Europea.
 

En este supuesto, el problema, desde mi punto de vista, no solo en que la construcción europea, al día de hoy, debe afrontar más el reto de de “su propia identidad” que el de su poder; ni tampoco estriba el problema en que el 95% del territorio de Turquía, y su capital, se encuentren en Asia. El principal problema estriba en el escaso, casi nulo, respeto de los distintos Gobiernos turcos, por los Derechos Humanos, especialmente frente a las mujeres (más del 22% son aun analfabetas, frente al 6% de los hombres) y frente a los no islamistas.

Demasiados líderes europeos han olvidado el Genocidio Armenio, que comenzó en Estambul el 24 de abril de 1915 – en un solo día el Gobierno turco asesinó a más de 2.000 intelectuales, sacerdotes y líderes políticos armenios – y que a lo largo de los siguientes 365 días produjo más de un millón y medio de asesinatos de armenios. Quizás a algunos les parezca que eso son acontecimientos demasiado lejanos – suelen ser estos mismo los que gritan pidiendo la devolución de la mezquita de Córdoba al culto islámico – en los que no vale la pena remover.
 

Estoy dispuesto a valorar positivamente dicha actitud, aun cuando los sucesivos Gobiernos turcos jamás han mostrado el más mínimo arrepentimiento respecto a dichos crímenes. El problema es que a pesar de la “buena voluntad” de los ignorantes de la historia, esta se repite hasta nuestros días. Y dentro de nuestras fronteras comunitarias.

En 1974 Turquía ocupa el 38% de la isla de Chipre, país miembro de la Unión Europea, y el 15 de noviembre de 1983 proclamen la zona ocupada, la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), reconocida únicamente por Turquía. En este tiempo un total de 520 iglesias cristianas han sido transformadas en almacenes, museos y mezquitas; obras de arte religioso robadas y vendidas, el patrimonio artístico descuidado y mal vendido; 180.000 chipriotas expulsados y sustituidos con trescientos mil colonos de Anatolia y treinta mil soldados turcos.

La denuncia ha sido hecha por su beatitud Crisóstomo II, arzobispo de nueva Justiniana y de todo Chipre, durante una intervención en el Meeting de Rimini el 20 de agosto. Durante el encuentro que tenía por título "Libertad religiosa: el principio y sus consecuencias", el arzobispo relató restricciones y violencias sufridas por los cristianos chipriotas. Según su beatitud, el estado turco está intentando borrar las huellas de la religión cristiana en la parte de Chipre que controla.

"Todo esto –subrayó- provoca sufrimiento y dolor", sobre todo si se piensa que aún siendo Chipre miembro de la Unión Europea y de Naciones Unidas (existiendo acuerdos del Consejo de Seguridad conminando la retirada de fuerzas turcas), no logra obtener justicia.” Ni la religión (véase el caso de Bosnia), ni la territorialidad tienen por qué ser determinantes en la incorporación a la Unión Europea, pero si la existencia de un estado democrático, respetuoso con los Derechos Humanos de las minorías, en el estricto respeto a la herencia cultural, de defensa de la persona, desarrollada en nuestro continente.

 

Antes que Turquía deberíamos plantearnos seriamente la incorporación, si así lo solicitaran, de Rusia.