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Urgen nuevos acuerdos

Aumentaron las horas perdidas en paros, pero también el número de trabajadores que decidieron salir a la calle, venciendo así ese viejo aforismo de que el miedo –a perder un trabajo- paraliza y, por lo tanto, desincentiva las manifestaciones. Unas cifras que, estoy seguro, gustan a los sindicatos pero que, sin embargo, resultan letales para empresas y la economía productiva de un país.

 

Se perdieron más 800.000 jornadas en estos paros y huelgas, en parte motivadas por la reforma laboral, y en parte por el constante deterioro de la situación económica española, que ha llevado a los mineros a la calle, a la industria, a la siderurgia, a los profesores, a los trabajadores del metro. Sin embargo, nadie se para a contar los efectos económicos que ésta situación produce y que, en algunos casos lleva a la empresa hasta el extremo. De ahí que, como ya hemos dicho alguna vez, sea necesario cambiar las costumbres y formas de protesta de los sindicatos. Da la sensación de que muchas veces –en especial en el sector público- prima la contestación frente a la negociación. Pero sobre todo, se necesita un cambio urgente en las relaciones entre los agentes sociales.

No puede ser que Patronal y Sindicatos no sean capaces de llegar a un gran acuerdo por el empleo o para la reforma laboral, tal como ha ocurrido en Francia, pese a que estuvieron negociando durante meses. Por eso ahora es más importante que nunca tomar cartas en el asunto. Comisiones y UGT deben renovar en las próximas semanas a sus líderes, y no estaría de más poder ver algo de sangre nueva al frente de las centrales sindicales… Pero lo mismo le ocurre a CEOE, que ahora lucha por convertirse en la única voz de los empresarios. Sin embargo, y mira que son muchas las cosas que los separan, CEOE, UGT y CC.OO. tienen algo en común: no se han dado cuenta de que el tejido productivo está más segregado que nunca, que está compuesto por PYMES y microempresas, sobre las que ninguno tiene capacidad de representación. Y no sólo eso, no se han dado cuenta de que hay multitud de organizaciones representativas más pequeñas que, poco a poco, les están robando el protagonismo.