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Vivimos en un país de derechos

@gonzalogiraldez

Somos los números uno en la ley del péndulo, del todo al nada en un santiamén. Nos hemos acostumbrado en poco tiempo a tener constantemente en la boca la frase “tengo mis derechos”. El problema es que a esa misma velocidad se nos ha olvidado qué quería decir “tengo mis obligaciones” y hemos dejado de conjugarlo. Al margen de la torpeza del Ministro de Educación, en el lío de las becas no se escucha a nadie hablar de obligaciones, sólo de derechos.

Si hay algo que iguala a la sociedad, además de los impuestos, el voto y la muerte, es el esfuerzo. Cuanto más te esfuerzas, mejor te va la vida. Antes o después casi siempre ocurre. Las becas se asignan esencialmente por dos criterios, la renta y los resultados académicos.

Ya que es imposible igualarnos por la renta porque todos querríamos ser Emilio Botín o mejor aún Amancio Ortega, el sistema trata de dar oportunidades a todos y los mejores serán los que se beneficien en mayor grado de las ayudas. El sistema trata así de reducir las distancias económicas entre los más y menos pudientes, siendo el esfuerzo y el éxito el baremo para otorgar esas ayudas. Que nadie con capacidad y trabajo se quede sin la oportunidad de formarse y llegar lo más alto posible.

El problema aparece cuando ese deber que tiene la sociedad con sus conciudadanos la convertimos en un derecho lineal para el receptor. Todos tenemos derecho, siempre y en cualquier circustancia.

Hemos pasado demasiado rápido de tener sólo deberes a creer que tenemos sólo derechos. A buen seguro con el tiempo este desequilibrio se moderará. Es que sólo han pasado 30 años.