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¿Y ahora qué?

Es cierto que en el Congreso se ha impuesto –por la mínima- la izquierda democrática de Bersani, pero en el Senado no ha podido hacerlo. Allí se ha impuesto el partido de Silvio Berlusconi en coalición con la Liga Norte, que ha conseguido trece escaños más y se coloca como la formación más votada. Sin duda, una dura situación, ya que no parece que Il Caliere y Bersani vayan a poder pactar, y dado el  gran poder legislativo de la Cámara en Italia, conduce en la práctica a una situación de bloqueo.

 

Lo único claro de los resultados de Italia es la victoria del popular Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, que se hace con el 25% de los votos, y se sitúa como una de las formaciones más votadas. Y también el batacazo que se ha dado Mario Montti. El tecnócrata impuesto por Bruselas hace 17 meses para sacar a Italia del atolladero, y que confiado en su gestión, ha visto cómo los italianos le han dado la espalda a la mínima de cambio. Un resultado que debería hacer reflexionar a más de uno y más de dos en Bruselas. Este varapalo a las aspiraciones de la Unión Europea, que confiaba en una contundente victoria de Bersani pactando con Monti, supone un claro castigo a las políticas de austeridad. Supone también una petición de cambio en el modelo económico europeo, y un recordatorio de que, por muy mal que vayan las cosas en un país, no se puede imponer un Presidente por muy tecnócrata que éste sea.

Pero también hay que mirar otra lectura importante de estos comicios. Por un lado el fuerte arrastre de voto joven que ha conseguido el Movimiento de Beppe Grillo. Un humorista con una lista de candidatos no profesionales, procedentes de distintos mundos, que ha conseguido con su promesa de regeneración atraer el voto joven, especialmente en el Congreso, ya que en el Senado no se puede votar hasta los 25 años. Un descontento con la “casta” que no ha sabido capitalizar la izquierda de Bersani, que ahora se queda compuesta y sin novio, y que ve con horror cómo puede repetirse el sueño de 2006, cuando con Romano Prodi a la cabeza, tan sólo pudo gobernar dos años en medio de un gran sufrimiento para acabar convocando unas elecciones que volvería a ganar el de siempre: Berlusconi, cuyo regreso a la política ha sido por la puerta grande…