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Por qué es inmerecida la mala fama de los préstamos rápidos

Los préstamos rápidos online tienen muy mala fama, especialmente si se pregunta a expertos financieros que generalmente trabajan para sus competidores. En cualquier aparición en los medios, dirán que los intereses son muy altos y esto hace que no sean un producto recomendable. Argumento un tanto vacío, ya que es como decir que un buen vino no es recomendable por caro o que no tiene sentido pagar un extra por un hotel o un restaurante que estén en una buena zona.

Al igual que los dos ejemplos anteriores, los préstamos rápidos son un servicio muy especial, en el que el prestamista asume mucho riesgo. Así que tienen buenas razones para sus precios. De hecho los préstamos rápidos:

  • Son un servicio que un banco normal no te ofrecería porque no lo considera interesante
  • Tienen unos requisitos mucho menores que los de sus competidores en el mercado de la financiación
  • No pones ningún bien en garantía
  • Nadie tiene que avalarte
  • Tienen una regulación exigente que obliga a sus contratos a ser claros y transparentes, sin letra pequeña.
  • Son totalmente legales
  • Son para necesidades y momentos muy concretos
  • Sabes cuánto pagarás en intereses ya que te muestran el TAE y la cantidad en dinero que pagarás

Por tanto, son un producto con el que el consumidor tiene herramientas suficientes para saber si puede y le interesa contratarlos o no.

Y sí, son caros.

En este sentido puede ser interesante consultar en un comparador como Matchbanker donde además de los clásicos préstamos rápidos a 30 días, puedes ver las condiciones de préstamos a más largo plazo, como uno o dos años. Al comparar siempre podrás elegir la opción más barata, que no suele ser la primera opción que conozcas por la tele o que venga a tu mente.

Pero entonces, ¿cuándo son convenientes?

Los préstamos rápidos son un servicio para quien pueda devolverlos sin problemas llegado el momento. Alguien que quiere darse un capricho y que sabe fehacientemente que podrá devolver el préstamo, puede pedirlos sin preocuparse siempre que sea consciente que pagará unos intereses relativamente altos. Incluso pueden utilizarse para objetivos más serios, como algún tipo de urgencia.

De hecho, pueden ser útiles para pagar multas en las que el pago rápido implica una reducción del 50% de la sanción, e incluso ahorrar algo de dinero en la operación.

Quien no quiera pagar estos intereses, tendrá que acudir a otros tipos de préstamos. Pero el hecho de que exista esta posibilidad no hace sino enriquecer la diversidad y posibilidades que el mercado ofrece a los consumidores.

Por el contrario no deben utilizarse:

  • Para pagar otra deuda
  • Cuando es probable que no se puedan devolver
  • Para pagar un capricho que realmente no te puedes permitir

Si no tienes muy claro si podrás devolverlo, seguramente lo mejor sea que optes por otro servicio. En todo caso, siempre te será de ayuda coger papel y bolígrafo y hacer un listado con tus gastos e ingresos para compararlos y ver qué cantidad puedes devolver mes a mes o cuando sea que tengas que devolver el préstamo.

En definitiva, la bondad o maldad de los préstamos rápidos depende absolutamente del uso que se les dé. Pero la información clara y transparente que ofrecen en su contrato e incluso en sus webs donde puedes ver absolutamente desglosado lo que pides y lo que devuelves, hacen de ellos un producto tan bueno como otro cualquiera.