Opinión

Una España a tres velocidades

Las épocas de elecciones suelen ser épocas de grandes promesas, de presupuestos magníficos, en los que sólo se habla de lo que se va a dar a los electores (sin preocuparse ni decir cómo se puede financiar ese gasto), y que un antiguo director bancario ya fallecido calificaba en el ámbito empresarial como la época de “Sancho el Bravo”.

Cuando se ganan las elecciones, y uno se sienta en el sillón de orejas, comienza uno a darse cuenta de cómo están las cosas y de cuánto se ha prometido. Es la época de la caza y captura de culpables (siempre los que le han precedido en ocupar el sillón), y de repensar los presupuestos, buscando algo más viable. En palabras del anterior director, era la época de “Sancho el Sabio”.

Finalmente, se acaba el período de gobierno, o el ejercicio económico en el ámbito empresarial, y cuando se hace balance, uno se da cuenta de lo que realmente ha ocurrido, y en las palabras del ya citado directivo, es la época de “Sancho Panza”.

Acaba ya el reinado de D. Mariano en la Moncloa, y probablemente, podemos calificar su mandato de discreto, y todo ello a pesar de las alharacas de los últimos meses. El programa electoral presentado a los españoles era el de “Sancho el Bravo”, y prácticamente no se cumplió nada. Baste con unas breves cifras sobre uno de los temas de los que no paran de alardear, la creación de empleo. En el cuadro siguiente, tenemos las cifras de la EPA desde diciembre de 2011 a septiembre de 2015:

Datos_Cordoba

Y podemos ver que no se ha creado empleo. De hecho, hay 104.000 personas ocupadas menos que cuando comenzó la legislatura del Sr. Rajoy. ¿Qué es lo que ha ocurrido? Simplemente que se han jubilado 413.000 personas, que han sido sustituidas parcialmente por demandantes de empleo, pero lo que es empleo nuevo, ni lo hay ni se le espera. Eso sí, las sustituciones de los padres que se jubilan por los hijos que se incorporan al trabajo han supuesto una disminución radical del coste laboral, lo cual se ha traducido en importantes beneficios empresariales en los últimos dos años, y con ello, el que se alardee de que ha mejorado la competitividad de las empresas españolas.

Es cierto que la herencia recibida fue mala, pero si a esa herencia se le suben los impuestos de forma salvaje, barriendo la renta disponible de los españoles, lo que se hace es echarle gasolina al fuego, que fue lo que pasó en la primera mitad de la legislatura. Después de las elecciones europeas, se hizo el efecto anuncio de que se iban a bajar los impuestos (y luego efectivamente se bajaron hasta el nivel de la legislatura anterior), y automáticamente las expectativas cambiaron. Ante la expectativa de que se iba a tener renta disponible, se empezó de nuevo a consumir, y la Economía comenzó a tirar, no mucho, pero por lo menos para que se llegue al mismo sitio de donde se partió, vamos a un cumplimiento tipo “Sancho Panza”.

Además, hay que añadir lo que podíamos llamar “daño colateral”, es decir, el claro incremento de la desigualdad y la creación de una España a tres velocidades, fenómeno que sí podemos atribuir en su globalidad al Sr. Rajoy. La segmentación de los españoles en el momento actual sería la siguiente:

  • Pensionistas (en torno a 8,5 millones y sus familias), Funcionarios (en torno a 3 millones y sus familias) y Políticos de profesión (en torno a 0,4 millones y sus familias). En general, reciben unos ingresos razonables para sus necesidades y además no tienen ningún tipo de incertidumbre, ya que el Estado les pagará sí o sí. Van a una velocidad constante y no tienen muchas preocupaciones.
  • Trabajadores fijos con una cierta estabilidad en el empleo y una antigüedad razonable, y autónomos con negocio consolidado (en torno a 8 millones y sus familias).- Están también bastante tranquilos, lo peor de la crisis parece haber pasado, y una parte significativa de ellos están en la parte final de su vida profesional, por lo que ven cercana la jubilación y la posibilidad de pasar a la renta vitalicia. Van a una velocidad no constante, con acelerones y frenadas no muy importantes, como si fueran en caravana. Algunos caerán, pero la mayor parte piensa que no les va a tocar.
  • Trabajadores temporales, desempleados, personas sin formación, estudiantes con un futuro incierto, amas de casa, trabajadores del hogar, economía sumergida, perceptores de pensiones no contributivas (el resto, entre 10 y 15 millones incluyendo sus familias).- Están desesperados y se sienten marginados por la sociedad. No consiguen arrancar el coche y si alguna vez lo hacen van a una velocidad muy lenta hasta que se para y vuelta a empezar.

Esta segmentación de la sociedad no es la adecuada como modelo. Los parados de larga duración han pasado en muchos casos a serlo de duración indefinida, vamos que nunca conseguirán un empleo. La división entre subvencionados, productivos y marginados, especialmente con la estructura que tiene la sociedad española, no puede satisfacer a ninguna persona de Estado, que piense en sus conciudadanos más que en su propio peculio.

Pero en los programas de los partidos para el próximo 20D, no hay muchas referencias a la situación real de los españoles, o a la posible solución de problemas en un horizonte temporal razonable. Sólo se les prometen zanahorias para enganchar su voto, sin decir de dónde se va a sacar el dinero para poder pagar esas zanahorias. Y es que da lo mismo cuál sea la edad de los candidatos; todos aprenden rápido a prometer, aunque luego los ciudadanos de a pie tengamos que seguir montados en el humilde rucio de Sancho Panza, que a base de alimentarse tan solo de nabos, llegará un momento en que se pare y empiece a echar espuma por el hocico. Es el problema de que haya tres velocidades y a ti te toque ir siempre en la más lenta.

Miguel Córdoba

Profesor Economía Financiera

Universidad San Pablo CEU