Opinión

Una independencia aprobada por la mínima de la ‘mas-yoría’

Por mucho que el señor Artur Mas se empeñe en vendernos la moto, en Cataluña no ha ganado la independencia. El perverso sistema electoral español ha permitido, una vez más, dar protagonismo y visibilidad a una realidad manipulada por la representación parlamentaria de un todo que se queda en un 47 por ciento.

Mientras, otro 53 por ciento se ve desamparado por un modelo que sí, señores del Gobierno, urge una reforma. Un nuevo horizonte que impida que ‘locuras independentistas’ como la de ese que dice defender los intereses de una mayoría que se mueve al son de la flauta de “España nos roba” y que se quedó tan corta que requirió de alianzas con quienes visten camisetas blancas, que tienen el fondo negro y que lucen radicales cortes de pelo de líneas tan rectas que de inflexibles, permiten a quienes no nos quieren tener voz y voto.

Mayoría que, por cierto, no ha conseguido siquiera el respaldo de la izquierda podemita de Catalunya Sí que es Pot. Esos mismos nuevos progres que en la voz de Joan Cosubiela calificaban el acto de hoy de “declaración de insurgencia tan curiosa como inviable, llena de épica, pero en la que se olvida explicar cómo se llevará a cabo”.

Acto vergonzoso y deleznable el de esta mañana que, por llevarlo a extremos, menospreciaba a nuestro hermano mayor. El que reside en Bruselas. La Unión Europea se ve hoy herida por la ofensa de aquellos que por osada ‘causalidad’ han elegido el 9 de noviembre para celebrar su particular independence day. Y no por la festividad de la Almudena, patrona de Madrid, coincidencia que también tiene su guasa, sino porque hoy, hace 26 años que caía el muro de Berlín. Tal día como el presente de hace más de un cuarto de siglo Alemania volvía a ser una. Paradojas del destino, Artur Mas y sus secuaces han tenido la desfachatez y la poca hombría de ensuciar con “veleidades independentistas” lo que ha sido la mayor expresión de libertad y cohesión de nuestra historia moderna.

Con su ‘locura independentista’ han  levantado un muro imaginario que divide a España en dos. La de la democracia y la del nepotismo hipócrita de la corrupción del tres por ciento (por decr algo); la de la verdad y la cohesión y la de aquello que han bautizado con el nombre de independencia y que han querido amparar en una memoria histórica que, de tan reciente e inventada, aún no se ha recogido en los libros de texto.

Independencia de ‘fábula’ que se ha convertido en germen de una guerra civil silenciosa. Y me consta. Me consta y me duele, que aquellos que se quieren, aquellos con mismos padres y abuelos, aquellos que antes compartían mesa y departían entre risas ahora se miran con recelo. Esa será su herencia señor Mas. Me consta y me duele que en esa ciudad, Barcelona, que para mi y para muchos era el paradigma de la pluralidad, de la policromía, de lo cosmopolita, hoy impere la ley del silencio. Me consta y me duele que por esa ‘locura independentista’ que le ha separado de la realidad, mi país, España, empiece a mirar desde la distancia. Me consta y me duele la radicalización de algunos empresarios, que espero pierdan su carácter de influyentes y a los que hace apenas tres días escuchaba esputar “ójala nos intevergan, es lo que queremos. Ójala estén ya los tanques en Zaragoza. Eso nos dará pié para recurrir a los tribunales internacionales”. Vergüenza ajena de la ignorancia que demostráis. Vergüenza ajena de la falta de valores de la que hacéis gala. No, definitivamente no. No es esto lo que quiero ni para mi, ni para mi hijo, ni para los españoles.

Diálogo y respeto, sí. Eso lo comparto con usted y sus secuaces, pero desde la verdad. Desde la realidad de una España que no les ha dejado solos para pagar sus facturas y sus pensiones. De una España que hoy más que nunca levanta la cabeza orgullosa de ser, como decía el Presidente desde Béjar (Salamanca), en Castilla, la Vieja, “libre, europea y de ciudadanos iguales”, que vela por todos y que no entrará en provocaciones, mas llevará la Ley hasta sus últimas consecuencias.

La primera y mas allá de la suspensión del recurso de independencia, la aplicación en máximos de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, por la que sin ambigüedades se producirá la intervención de la Hacienda catalana.  Todo apunta señor Mas a que el pavo se lo comerá sabiendo que sus cuentas se controlan desde Madrid y no por la independencia, sino porque una vez más han incumplido con su compromiso de déficit, de deuda y de pagar a sus proveedores en tiempo y forma. Y a pesar de ello, recibirán esa transferencia de 2.300 millones por el déficit acumulado de 2014 en diciembre, porque ni las farmacias ni los colegios ni el resto de proveedores de la Generalitat tienen la culpa de sus  delirios. España sí cumple señor Mas, sin embargo usted sigue tensando una cuerda que no se va a romper, pero sí caerá del lado de la sensatez y la verdad.

Cuerdos se llamarían a la reina Juana y al rey Jorge al lado de ese que dice defender a una mayoría y que lo único que ha conseguido es lo que hasta hoy era una utopía que el arco iris de la política brille resplandeciente en un cielo que tiene dos colores y tres franjas: rojo, amarillo y rojo.