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Una muralla china para el yuan

China se apunta a la moda de la expansión monetaria como solución a sus problemas de deuda y pérdida de competitividad. Suena raro decir que China se ha vuelto poco competitiva y hay que explicarlo desde la relatividad que acompaña a estos términos. Su crecimiento se basa en buena medida en su comercio exterior, que ha aportado al PIB los puntos decisivos para estar situado durante muchos años en la frontera de los dos dígitos. Pero aunque resulte paradójico, para un buen número de productos China se ha vuelto cara y no ofrece un diferencial de calidad que los distinga de otros proveedores con salarios aún más bajos que el gigante asiático. Si a este fenómeno, cada vez más creciente, sumamos los excesos que todo esplendor económico suele llevar consigo, como burbujas inmobiliarias y bursátiles, la crisis está servida. Una crisis que, sin embargo, convive con tasas de crecimiento que flirtean con el 7%, algo impensable en otras economías.

La forma en que las autoridades de Pekín han diseñado la salida de la crisis tiene poco de original, porque no están sino replicando la política monetaria que ha dado buenos resultados en EE.UU. y que se espera los dé en Europa: crear todo el dinero que sea necesario. Con ello reajustan el valor del yuan a la baja y pretenden equilibrar su comercio exterior y persiguen inundar los mercados de liquidez para evitar su desplome y tapar los problemas de solvencia bancaria que, más tarde o más temprano, tienen que surgir en una economía que está padeciendo las secuelas del recalentamiento.

Para cuadrar las cuentas y evitar una caída incontrolada del yuan, que les podría rebotar, entre otras cosas, en forma de inflación, ajustan su valor mediante la venta de deuda y divisas extranjeras, en particular dólares, y la compra de su propia moneda, en una operación de esterilización de reservas. Esta intervención es en el fondo una sangría económica que hace esfumarse parte de la riqueza acumulada en décadas y que podría ser aún más grave si los norteamericanos decidieran subir los tipos de interés, afectando al valor en venta de la inmensa cartera de bonos americanos en poder de los chinos.

La expansión monetaria del yuan está implicando una pérdida de liquidez en otras divisas y principalmente en dólares, puesto que la constante corriente vendedora por parte de China supone un cambio de tendencia evidente puesto que resultaba ser el primer inversor en esta divisa, en la que ahora está desinvirtiendo. Así, está haciendo el trabajo a la FED, que puede retrasar la subida de tipos ya que la deuda americana se está abaratando sin necesidad de su intervención. Es decir, China a base de vender tanto bono americano está subiendo los tipos de interés de los bonos y lo hace además sin querer, ya que de ese movimiento resulta ser el primer perjudicado, pues de cada venta obtiene algo menos que en la anterior. Es por eso que el principal temor en Pekín sea que los norteamericanos subieran además los tipos, lo que encarecería el sostenimiento del yuan considerablemente, ya de por sí una apuesta muy costosa.

Mientras, el euro se está viendo coyunturalmente afectado por una inesperada fortaleza que, afortunadamente, no ha sido lo suficientemente abrupta como para anular los efectos del QE europeo. Aun así, es posible que el BCE deba incrementar el programa de compra de activos para evitar que el euro se fortalezca, perjudicando uno sus objetivos que era la mejora de competitividad exterior de la eurozona.

Con efectos contradictorios, con cantidades astronómicas y con futuro incierto, la crisis de China seguramente traerá nuevos reajustes de divisas no a mucho tardar ya que, a pesar de los esfuerzos, no hay muralla china que pueda contener problemas de tanta magnitud.

Juan Fernando Robles

Profesor de Finanzas y Banca