Opinión

Uzbekistán se prepara para las elecciones parlamentarias

Una delegación de la Comisión Electoral Central de Uzbekistán está de visita estos días en España para compartir su experiencia a la hora de organizar elecciones en el país centroasiático y aprender del modelo español en el momento de la transición a la democracia.

La delegación uzbeka, formada por seis miembros y a cuya cabeza se encuentra Kamildjan Adylov, miembro de la Secretaría de dicha Comisión, tuvo un encuentro ayer con profesores universitarios, investigadores y analistas para comparar la experiencia uzbeka con la española.

El pasado 11 de septiembre fueron convocadas elecciones a la Cámara Baja de Uzbekistán –denominada allí Oliy Majlis— para el próximo 21 de diciembre. La delegación uzbeka expuso cuáles son los requisitos legales para el correcto desarrollo de los comicios. Para empezar, para que los partidos puedan presentar sus candidatos deben recoger 40.000 firmas que avalen dichas candidaturas. Quizás pueda parecer un número elevado, sobre todo conociendo la experiencia española que para presentar candidatos sólo necesita, prácticamente, existir como tal partido –cosa que se consigue con un puñado de firmas— y estar registrado así en el Ministerio del Interior. Sin embargo, en un país en el que los partidos que actualmente están representados en el Parlamento tienen un respaldo ciudadano considerable, alcanzar dicha cifra no es nada difícil; para entendernos, el partido con menos representación parlamentaria, el Adolat –“Justicia”, en uzbeko— tiene 90.000 militantes. Así, se evita la existencia de “partidos fantasma” que en realidad no representan a nadie y se logra concentrar los esfuerzos políticos en un número aceptable de partidos –en la actualidad hay cuatro presentes en el Oliy Majlis, además del movimiento ecologista—.

Precisamente, una de las reformas más importantes del sistema electoral uzbeko consistió en la reserva de 15 escaños de un total de 150 para el movimiento ecologista. Uno de los mayores problemas de la región es la conservación y protección del medio ambiente ya que, en un escenario de cambio climático, parece que el proceso de desertificación es imparable y se lucha casi sin éxito contra la desecación del mar de Aral –o lo que queda de él—.

Por último, la Ley obliga a los partidos a que al menos el 33% de los candidatos que presenten deben ser mujeres. Teniendo en cuenta que el sistema electoral es mayoritario y no proporcional, esto significa que los candidatos se enfrentan entre sí por el único puesto por distrito electoral, lo que hace de esta contienda una “batalla” cuerpo a cuerpo en el que los candidatos se miden realmente entre sí, por lo que estas mujeres demuestran su valía personal y profesional sin la sombra de duda de que le deben su puesto a ninguna cuota de género.

Antonio Alonso Marcos, profesor de la Universidad CEU San Pablo (Madrid)