Para la mayoría de las personas, construir su casa es la mayor inversión económica de su vida. Por eso la decisión suele comenzar con una mezcla de ilusión e incertidumbre, sobre todo cuando aparece la pregunta clave: cuánto va a costar realmente.
Desde Idarqhome, estudio de arquitectura especializado en viviendas unifamiliares a la carta, aseguran que esta duda es el principal motivo de consulta en las primeras reuniones con los clientes.
Ilusión, expectativas y falta de seguridad económica
«La gente llega con una idea muy clara de la casa que quiere, pero con mucha inseguridad sobre si va a poder permitírsela», explica Esmeralda Fernández, arquitecta y cofundadora de Idarqhome. Esta inquietud aparece tanto en quienes compran una parcela vacía como en aquellos que adquieren un terreno con una vivienda antigua y deben decidir entre reformarla o demolerla y empezar de cero.
¿Reformar o demoler y construir desde cero?
Uno de los errores más frecuentes, según el estudio, es asumir que la rehabilitación siempre es más económica que demoler y hacer una obra nueva. Gran parte de las viviendas construidas en los años setenta y ochenta, sobre todo en urbanizaciones consolidadas, presentan estructuras obsoletas, muros de carga que limitan la distribución, humedades difíciles de erradicar y unas condiciones muy alejadas de las formas actuales de habitar los espacios. «Son auténticas cápsulas del tiempo», señala la arquitecta. «Cuando se intenta abrir espacios, ampliar huecos o mejorar la eficiencia energética, empiezan a aparecer refuerzos estructurales, imprevistos y sobrecostes».
En este contexto, Idarqhome compara la rehabilitación con la restauración de un coche antiguo. «Puede tener encanto, pero siempre va a consumir más, ofrecer menos prestaciones y requerir más mantenimiento que uno nuevo», apunta José Alberto Alejandre, ingeniero y cofundador. «En vivienda ocurre lo mismo: a veces reparar cuesta más que construir de nuevo con los estándares actuales».
Internet, foros y precios irreales
A esta percepción se suma la confusión que provoca la información disponible en internet. Foros, comparadores y artículos desactualizados suelen manejar precios que no reflejan el coste real de una obra. Uno de los conceptos que dan lugar a más malinterpretaciones es el del Presupuesto de Ejecución Material (PEM), muy citado online, pero que no incluye ni el beneficio industrial ni los gastos generales de la constructora. «Ese precio puede ser hasta un 20% inferior a lo que realmente paga el cliente», advierte Alejandre. «Y en una vivienda unifamiliar, ese desfase es enorme». El coste real que va a pagar el cliente es el Presupuesto de Ejecución por Contrata (PEC), que es el presupuesto que va a ofrecer la constructora.
Más allá del diseño: todos los costes que hay detrás de una obra
Desde Idarqhome insisten en que construir una casa no es solo levantar muros. Detrás hay una estructura técnica y empresarial imprescindible: jefes de obra, encargados, coordinación de seguridad y salud, seguros, medios auxiliares, además de licencias, visados, honorarios técnicos e IVA. «Por eso siempre se habla de dinero desde la primera reunión», explica Fernández. «No hacerlo es trasladar el problema más adelante».
El anteproyecto, un momento clave en el presupuesto
Otro momento crítico es el anteproyecto, la fase en la que los arquitectos traducen las ideas del cliente en una propuesta concreta de metros cuadrados, distribución y volumen edificable. En esta etapa se definen cuestiones que condicionan directamente el presupuesto final, como la superficie construida, el número de plantas, la existencia de sótano o el tipo de estructura. Cambios aparentemente pequeños en esta etapa tienen un impacto directo en el coste final. «Veinticinco metros de más pueden suponer más de cincuenta mil euros adicionales», señala José Alberto Alejandre. «El papel lo aguanta todo, pero cuando la obra empieza ya no hay marcha atrás».
El riesgo de elegir presupuestos temerarios
Desde el estudio también alertan sobre los riesgos de optar por constructoras que dicen que van a ejecutar todo lo que está en el proyecto, pero presupuestan un precio muy inferior a la media del mercado. En muchos casos, estos precios no contemplan todos los costes necesarios para ejecutar la obra, lo que acaba derivando en problemas durante las obras, retrasos o ampliaciones presupuestarias importantes, estando ya a mitad de la obra y con poco margen de maniobra. «Cuando los números no cuadran, la obra se resiente», señala Esmeralda Fernández, mientras remarca la importancia de asumir costes realistas.
Cómo disfrutar la casa desde que es solo un plano
Para Idarqhome, una de las claves para que el proceso de construir una vivienda sea viable y satisfactorio es no diseñar al límite de la capacidad económica del cliente. La vivienda unifamiliar no es solo una inversión financiera, sino un proyecto vital que se desarrolla durante años. «Siempre ir al punto cómodo y no al límite», concluye José Alberto Alejandre. «Cuando todo está calculado al milímetro, cualquier imprevisto genera estrés, decisiones forzadas y/o pérdida de calidad».
Según el estudio, contar con un margen económico razonable permite afrontar imprevistos, asumir cambios durante la obra y tomar decisiones con mayor tranquilidad. «Una casa es para vivirla durante décadas», explica Esmeralda. «Si el proceso se convierte en una fuente constante de angustia, deja de ser la casa de tu vida para convertirse en un problema».