Carlos Escobedo, Mago Letes, acaba de regresar de Suiza tras participar en encuentros vinculados a UEFA. Después de cuatro años haciendo magia en hospitality de Champions, su experiencia plantea una cuestión interesante para el sector de los eventos: ¿puede la magia ser algo más que entretenimiento?
Carlos Escobedo acaba de volver de Suiza. Allí, Mago Letes -su nombre artístico- ha participado profesionalmente en encuentros vinculados a UEFA, entre ellos el sorteo de la Youth League y reuniones con representantes de equipos de la Champions League.
“Fenomenal. De diez”, resume sobre la experiencia. “El equipo de UEFA se volcó para facilitarme todo. Estar en un sorteo de estas características y en un encuentro con equipos de Champions es un privilegio”.
Cuando la magia entra en el cóctel
El fútbol, sin embargo, es solo el escenario. Lo interesante sucede cuando terminan las reuniones, comienza el cóctel y personas de diferentes países, clubes y responsabilidades tienen que hacer algo que no siempre resulta sencillo: relacionarse.
“Durante las reuniones todos van a trabajar, pero después llega el cóctel. Es el momento de conocerse, hacer relaciones públicas y relajarse”, explica Mago Letes. Es ahí donde la magia de cerca encuentra su espacio.
Sin escenario, micrófonos ni una gran infraestructura, el mago se desplaza entre pequeños grupos de invitados. Se acerca, pide permiso y, durante unos minutos, convierte ese círculo de personas en un pequeño espectáculo improvisado.
En Suiza ocurrió algo que resume bien el concepto. “Se formó espontáneamente un corro a mi alrededor con personas de quizá diez o quince equipos diferentes.
Estábamos haciendo magia, bromeando en inglés… Ese acercamiento entre personas es algo que recuerdo con muchísimo cariño”.
La escena permite entender la magia para eventos desde otra perspectiva. Personas que posiblemente no se conocían unos minutos antes terminan compartiendo una reacción, una broma y, sobre todo, un tema de conversación.
Un idioma bastante universal
En un encuentro internacional existe además una dificultad evidente: el idioma. Letes reconoce que los diferentes acentos dieron lugar a alguna situación divertida. En uno de los juegos tuvo que repetir una parte “como siete veces”. Lejos de convertirse en un problema, aquello acabó formando parte del propio momento y provocando las risas del grupo.
Porque hay una reacción que necesita poca traducción.
“Cuando ocurre algo imposible delante de tus ojos, el ‘¡guau!’ es prácticamente igual en cualquier idioma”, afirma.
Después de cuatro años realizando magia en hospitality de Champions en los estadios del Real Madrid y del Atlético de Madrid, Letes ha comprobado también algo que trasciende idiomas, cargos y notoriedad: los nervios y la capacidad de sorprenderse son bastante universales.
Delante del mago puede haber un futbolista, un directivo o el gerente de una gran compañía. Durante unos minutos, las jerarquías pierden importancia. “Mi responsabilidad es hacer magia y conseguir que disfrute”.
Magia para conectar personas
Ese mismo mecanismo puede trasladarse a los eventos corporativos. Letes pone un ejemplo sencillo: una gran empresa en la que coinciden empleados de departamentos que apenas tienen relación en su día a día.
“Puedes tener a informáticos y gestores administrativos que normalmente solo hablan cuando hay una incidencia. De repente están juntos, riéndose, intentando averiguar cómo ha ocurrido el juego. La magia les ha dado un punto en común que antes no tenían”.
Ahí aparece una de las posibilidades más interesantes de la magia para eventos corporativos: funcionar como rompehielos. En cócteles, cenas de empresa, convenciones, networking, hospitality o experiencias VIP, no obliga al asistente a detener el evento para contemplar un espectáculo. La magia se integra en lo que ya está ocurriendo.
También puede hacerlo alrededor de una marca. Mago Letes ha participado en presentaciones de producto en las que el efecto incorpora elementos relacionados con la compañía. La clave, explica, está en hacerlo “de una manera bonita y elegante, sin que parezca publicidad”.
Pero trabajar a centímetros del público exige algo más que técnica. También hay que saber observar.
“No puedo interrumpir una conversación de negocios importante. Me acerco con educación, pido permiso y leo al grupo”. Saber cuándo aparecer y, sobre todo, cuándo no hacerlo forma parte del oficio.
Quizá por eso Letes mide el éxito de una actuación de una manera muy poco técnica. No habla de trucos ni de aplausos.
“Cuando después voy caminando por el evento y me saludan, me siguen con la mirada
y veo que están comentando lo que acaba de pasar, entonces pienso: ‘Hoy lo he hecho bien, bien, bien’”.
En una industria empeñada en diseñar experiencias memorables, quizá esa sea una buena medida del éxito: conseguir que, cuando la magia ya ha terminado, la conversación continúe.