El fútbol afronta el coronavirus: ¿crisis u oportunidad?

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El fútbol español también ha sido víctima del coronavirus. La pandemia ha frenado de forma brusca la tendencia creciente que habían mostrado las pasadas temporadas los ingresos de LaLiga. Si en la temporada 16-17 la cifra había alcanzado los 3.209 millones y en la 17-18 se había visto incrementada hasta llegar a los 4.871, la pasada campaña el descenso de este montante fue de unos 200 millones de euros. En este sentido, el cierre obligado de los estadios debido a las medidas sanitarias indicadas por las autoridades ha supuesto un castigo importante. Así lo refleja el hecho de sólo en abonos y venta de entradas en taquilla los clubes dejasen de percibir cerca de 130 millones de euros. Las perspectivas para esta temporada tampoco son nada halagüeñas en este sentido.

Si hay que buscar un dato positivo en medio de un escenario tan caótico, este es el crecimiento de los niveles de audiencia que ha experimentado nuestra competición, con un aumento del 13% a nivel global. Aun así, la gestora del fútbol profesional en nuestro país finalizó el ejercicio 2019- 2020 (cerrado el pasado 30 de junio) en números rojos, con unas pérdidas netas de 5,72 millones de euros. Los balances de los dos grandes, Real Madrid y Fútbol Club Barcelona, han mostrado -eso sí- resultados muy distintos. Los de Concha Espina, mantienen su política de cuidar el club por encima de todo. Por eso, en los primeros compases de esta crisis optaron por negociar con las plantillas de los primeros equipos de las secciones fútbol y baloncesto una reducción de los honorarios de un 10% que podría haber llegado a ser del 20% en el caso de que la competición liguera no se hubiese reanudado. Además, los ejecutivos del club también se recortaron su salario y se redujeron las partidas de gastos. Todo ello, unido a las salidas de Achraf, James, Bale, Mariano y Reguilón, permitió al conjunto blanco cerrar las cuentas con 320.000 euros de superávit. Esta situación, la reforma en la que se encuentra inmerso el Santiago Bernabéu y la estabilidad institucional son signos de la buena salud de la que goza el conjunto dirigido por Florentino Pérez.

Un panorama sin duda envidiado por su homólogo en Barcelona, Josep María Bartomeu. El expresidente de la entidad blaugrana firmó pérdidas la pasada campaña por valor de 97 millones de euros, no logró resolver de una forma eficaz y con satisfacción para todas las partes cuestiones como el deseo de Leo Messi de salir del club, por lo que se ha visto obligado a presentar su dimisión. Además, la elección del holandés Ronald Koeman como técnico y el juego del equipo en los primeros compases de esta temporada son cuestiones que no acaban de generar una aceptación unánime dentro de la afición culé. Sin embargo, y a pesar de este panorama, la plantilla del equipo catalán es una de las tres que mayor valor atesoran dentro del planeta fútbol según un estudio del Centro Internacional de Estudios del Deporte (CIES). Piqué, Messi, Griezmann y sus compañeros atesoran un valor de 1.170 millones de euros, situándose en tercera posición únicamente por detrás de Manchester City (1.361 millones) y Liverpool, que encabeza la lista con 1.405 millones de euros. El top five lo cierran el Chelsea, con 1.008 millones y el Manchester United, con 1.007.

También viste la elástica blaugrana el deportista mejor pagado del mundo, tal y como reflejó en su ranking anual Forbes. Se trata de Leo Messi. El astro argentino percibió un total de 112 millones de euros el pasado año. De ellos, 92 pertenecen a su salario y bonos y 30 corresponden a acuerdos de patrocinio y publicidad. En este último campo, le supera su eterno competidor: Cristiano Ronaldo. El luso logró embolsarse, gracias a la explotación de su imagen, 47 millones de euros. A estos, les suma otros 70 millones correspondientes a su salario en la Juventus. Dentro de los futbolistas mejor pagados, dos del Paris Saint-Germain les siguen en la lista. Neymar y Mbappé– el gran deseado por Zidane– obtuvieron 96 y 42 millones de euros respectivamente. El delantero del Liverpool, Mohamed Salah, se posiciona en quinto lugar con 37 millones. Hay que descender hasta la séptima posición para encontrar a otro jugador de la liga española, concretamente a Antoine Griezmann. El francés factura 33 millones, a la zaga de Paul Pogba que percibe 34.

El futbolista español con mejor contrato sigue siendo Andrés Iniesta. Ingresa 30 millones de euros, sumando su salario más bonus, en el Vissel Kobe de la J1 League de Japón. Le siguen David De Gea -a quien el Manchester United abona 20 millones de euros al año entre salario fijo y objetivos, siendo el portero mejor pagado del mundo-, y Sergio Ramos. El capitán blanco se encuentra a la cabeza de la tabla salarial del Real Madrid, cobrando 12 millones de euros que podrían ascender a 15 si la negociación para su renovación discurre por los cauces que planea el entorno del futbolista.

Tras el anunciado decreto del estado de alarma y la previsible prolongación durante los meses próximos de la actual coyuntura socioeconómica, el mundo del fútbol tal vez deba replantearse su modelo de negocio y la viabilidad de su maquinaria financiera tal y como está planteada. La cuestión no reside tanto en debatir desde un punto de vista deportivo los honorarios de sus principales figuras, sino en si realmente- ateniéndonos a los números- estas generan los beneficios que reclaman.

Otro tema será también si el que es el deporte rey en España y gran parte de Europa logra mantener su conexión con la gran masa social que lo sustenta, en un momento particularmente delicado en el que el desánimo generalizado puede hacer mella en la población. Por otro lado, es indiscutible que quien más, quien menos, verá mermado en mayor o menor medida su poder adquisitivo. Una circunstancia que, unida a las restricciones de ocupación y apertura de lugares de ocio y hostelería puede afectar al número de suscriptores de las distintas plataformas de pago por visión. El deporte en general y el fútbol en particular tienen en este momento de crisis una oportunidad histórica para demostrar al mundo su importancia no sólo como una fuente de valores única, sino también como motor económico y vía de escape para huir de unas preocupaciones del día a día que- para muchas personas comienzan a ser ya demasiadas.

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