Tanto si se trata de una simple avería del coche como de un “súper tratamiento” para el resfriado u otros posibles problemas urgentes, internet y las redes sociales se han convertido en la fuente más cercana de información y en el consejero más habitual del ser humano del siglo XXI.
Cada día, los móviles y otros dispositivos inteligentes ayudan a las personas en la búsqueda de respuestas o soluciones sobre distintos aspectos de la vida cotidiana. Este acceso constante e inmediato a la información supone un gran cambio en la forma en la que la sociedad actual ve y aprende del mundo, en comparación con décadas anteriores, cuando el acceso al conocimiento era mucho más limitado y complejo.
¿Y cómo esto podría afectar la vida de los perros?
Pues afecta. En miles de foros virtuales, círculos y comunidades de los amantes, de los estudiosos y de los profesionales del mundo del perro en general, los algoritmos no paran de recopilar nuestras dudas, ofreciéndonos desde el incalculable contenido vídeo sobre la salud, el comportamiento, la mantención o la educación de nuestros amigos peludos, hasta serios estudios científicos en la materia y, por supuesto… mucho, mucho marketing.
Una verdadera avalancha de información, lo que en el fondo quizás no es malo, pero ha provocado unos problemas muy serios: la sobreinformación y la enorme confusión entre los tutores de los canes a la hora de filtrar lo útil, lo correcto y lo adecuado en la aplicación. Sobre todo, si hablamos de modificación de conductas no deseadas en los perros.
¿Entonces es malo el contenido que se puede encontrar?
No. Hay mucha información valiosa, pero para distinguir lo que podría ser bueno o malo para poder trabajar con nuestro perro, se necesita un mínimo de entendimiento. Y, por desgracia, esto no siempre es así. Cada vez vemos en nuestras consultas más casos de los tutores que “lo han probado todo”, asegurados a través de las pantallas de lo fácil que podría parecer la tarea.
Ejercicios sacados de la manera caótica de las plataformas como YouTube o Facebook se aplican cada vez más, sin pensar y sin tener consciencia de que, mal aplicados, podrían llevar a que los problemas no solo no desaparezcan, sino que pueden agravarse. Estos intentos de experimentar con las mascotas sin conocimiento y sin ayuda o guiado de un profesional podrían causar un sufrimiento innecesario, desentendimiento, frustración y pérdida de tiempo, en el mejor de los casos.
¿Por qué es tan importante acudir a un profesional?
Pues por la misma razón que ir a un dentista en vez de ir a un herrero si tienes un problema con una muela. Una intervención seria en el comportamiento del perro requiere, para empezar, un buen diagnóstico apoyándose en la ciencia y la experiencia profesional. Y aquí internet se nos queda corto. Y no hablamos solamente de la evaluación del estado del perro, sino también del reconocimiento de su entorno, del perfil del tutor o de los tutores, los antecedentes, etc.
Una vez teniendo todas las piezas del puzle unidas, un profesional diseña finalmente el programa adecuado y personalizado de trabajo, vigila y evalúa su ejecución, cambia estrategia si es necesario y está al tanto de todo el proceso. No hay sitio para improvisaciones si se trata de mejorar la calidad de vida de un ser sintiente como es el perro y, lo que viene detrás, la calidad de convivencia y armonía de toda la unidad familiar.
Desde hace un tiempo en España, la ley regulariza el trabajo de los educadores y adiestradores caninos. Todos los centros de trabajo y los profesionales del sector deben de ser aprobados y acreditados por el Estado (Real Decreto 1037/2011). Deben de tener los estudios, las capacidades y la experiencia suficiente para afrontar los desafíos y trabajos vinculados a la convivencia con los perros en nuestros hogares. Y esto es muy buena noticia. Se acabaron, por fin, los tiempos de “sabios del parque” con sus cuentos populares y de supuestos entrenadores que, sin ninguna o pobre preparación, manipulaban el comportamiento del animal sin consecuencia ninguna. Hoy esto es ya considerado como una práctica ilegal. Quizás algún día también llegaremos a cierto control sobre los contenidos digitales.
¿Por qué primero se busca ayuda en internet en vez de acudir a los profesionales?
Podría, quizás, ser por el factor económico, aunque esto no es, o no debería ser, una excusa. Hay que tener muy claro desde el principio que tener un perro no es un capricho del momento. Es una decisión que conlleva sus responsabilidades y consecuencias. Y esto, en ocasiones, equivale a desembolsos importantes, tanto si hablamos de la salud física como de la salud comportamental. Pero hay otro factor que hay que mencionar. Vivimos en una sociedad de “resultados inmediatos”. De “pastillas milagrosas para todo”. Nos dejamos llevar, sobre todo, por contenido visual que promete lo imposible, olvidándonos de que la mayor parte de lo que vemos ha sido “prefabricado” para atraer a una audiencia muchas veces bastante ingenua.
Parece que internet, con todo lo que es y lo que significa, se va a quedar con nosotros por mucho tiempo más. Pero esto no debería quitarnos el juicio sano y nunca debería subestimar el trabajo de un adiestrador, como el único medio real y legal a la hora de solucionar los posibles problemas de nuestros perros.
Redactado por: janusz teresiak – educador canino certificado y gerente de «dog & roll mallorca»
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