El manjar que se hizo arte gracias al viento

A sus 92 años, Juan Diz dice ser el único artesano que seca los congrios al viento, una tradición secular que lo mantiene activo alrededor de una caseta de piedra sobre el mar de Muxía (A Coruña), donde mece y seca con el aire del nordés los ejemplares de congrio que cuelgan de las pocas cabrias que quedan en Europa.

Provisto de un cuchillo y mucha paciencia, Juan va haciendo agujeros contrapeados en la carne del pescado para agilizar el secado, después lo lava y ensarta en una caña, atado, para colgarlo en las cabrias, unas estructuras realizadas con largueros entrelazados y clavados sobre la roca, a escasos metros del mar, que conforman una excepcional estampa de la Costa da Morte.