Durante dos semanas he convivido con el Leapmotor C10 eléctrico como se debe probar un coche: trayectos urbanos diarios, alguna escapada por autovía, recados, lluvia, aparcamientos imposibles y también ratos de “curiosear” menús y asistentes con calma. Y lo primero que deja claro este SUV es su intención: no viene a inventar nada raro, viene a ofrecer mucho coche por un precio que, en su categoría, suele ser bastante más alto.
Un SUV grande que no necesita gritar para llamar la atención
A simple vista el C10 transmite una sensación de coche “serio”: proporciones de SUV familiar, líneas limpias y un diseño que busca encajar en Europa sin estridencias. Es de esos modelos que, sin ser extravagantes, llaman la atención por presencia y por tamaño. En ciudad se nota que no es pequeño, pero tampoco se siente torpe: la visibilidad es correcta y, con cámaras y sensores, el día a día se vuelve bastante llevadero.
Vida a bordo: tecnología, orden y sensación de coche moderno
Dentro, el Leapmotor apuesta claramente por el enfoque digital. La mayoría de funciones viven en la pantalla y eso tiene dos lecturas: por un lado, el interior se ve limpio y moderno; por otro, exige un pequeño periodo de adaptación para no ir “buscando” cosas básicas las primeras horas. En mi caso, a los pocos días ya tenía controladas las funciones que usaba a diario (clima, modos de conducción, asistentes y navegación), y el conjunto se siente coherente.
En dos semanas también valoras lo que no sale en una ficha técnica: espacio real, facilidad de acceso, huecos para objetos, comodidad en trayectos largos… y aquí el C10 juega fuerte. Es un coche pensado para familia o para quien viaja con frecuencia: hay sensación de amplitud y, en marcha, el enfoque es claramente confortable.

En carretera: empuje suficiente y conducción fácil
El C10 eléctrico va sobrado para un uso normal. No es un SUV deportivo ni pretende serlo, pero el empuje típico de un eléctrico está ahí y se agradece en incorporaciones y adelantamientos. La configuración con motor atrás le da un tacto agradable: el coche es estable, transmite seguridad y, si vienes de un SUV térmico, la adaptación es inmediata.
La dirección y el chasis están más orientados a la tranquilidad que a la emoción. En autovía es donde se siente más “en su sitio”: aplomo, silencio razonable y una pisada que invita a hacer kilómetros sin fatiga. Si lo tuyo es enlazar curvas como si llevaras un compacto ligero, este no es el planteamiento; si lo que buscas es viajar cómodo, el enfoque está bien elegido.
Consumo y autonomía: muy bien en el día a día, con matices en rutas largas
Con un uso mixto (ciudad + circunvalaciones + autovía), el C10 me ha dejado una sensación clara: para rutina diaria y escapadas normales va muy bien, sin esa ansiedad constante de ir vigilando el porcentaje. Ahora bien, si pienso en un viaje largo de verdad —autovía a ritmo sostenido, climatización, equipaje y, quizá, varios ocupantes— la autonomía del eléctrico “puro” se me hace un poquito escasa: puedes hacerlo, pero te obliga a planificar paradas con más intención que en otros eléctricos que ya ofrecen un margen mayor.
La buena noticia es que la propia gama te da una salida elegante para quien viaje mucho: está la versión C10 REEV (range extender), que mantiene la sensación de conducción eléctrica pero añade un motor de gasolina trabajando como generador. En cifras oficiales, se habla de más de 950 km de autonomía total (con batería cargada y depósito lleno), lo que en la práctica se traduce en ese “casi mil kilómetros” que te quita de golpe la preocupación de las paradas en rutas largas.

Recarga: cumple, aunque no presume
En carga rápida no busca récords y eso conviene asumirlo desde el principio. ¿Es un problema? Depende del perfil. Si haces viajes largos con frecuencia y quieres minimizar paradas, hay alternativas que cargan más rápido. Pero para un uso normal, con cargas nocturnas en AC y alguna parada puntual en ruta, me ha parecido un sistema suficiente y predecible.
Lo que más me ha sorprendido: la seguridad como argumento de peso
Aquí sí hay un punto muy destacable y, sinceramente, no es tan habitual verlo tan fuerte en un recién llegado: la seguridad. Que el C10 haya logrado la máxima calificación en Euro NCAP no es solo un sello; para quien compra un coche familiar, es una tranquilidad real. Y durante el uso diario también se percibe esa orientación: asistentes, alertas y ayudas que, bien calibradas, aportan confianza (aunque, como en muchos coches modernos, siempre conviene personalizar qué quieres activo y con qué intensidad).

Entonces, ¿para quién es el Leapmotor C10?
Después de dos semanas, mi conclusión es bastante nítida: el Leapmotor C10 eléctrico tiene sentido para quien quiere un SUV amplio, cómodo, muy equipado y con un nivel de seguridad alto, sin saltar a precios claramente más premium. Como eléctrico “puro”, en viajes muy largos me gustaría un extra de autonomía para ir todavía más despreocupado; pero si ese es tu caso, la existencia del REEV, con una autonomía total que roza los 1.000 km, suaviza mucho esa pega porque ofrece una alternativa dentro de la misma familia.
Si el mercado eléctrico está lleno de coches que te obligan a elegir entre “precio” o “coche grande y completo”, el C10 viene a decir: “se puede tener bastante de ambas cosas”. Y, tras convivir con él, esa promesa suena más a producto bien pensado que a un simple titular.