Nueva Caledonia, ante su tercer y último referéndum independentista

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El territorio francés de Nueva Caledonia vivirá este domingo su tercer y último referéndum independentista. Tras dos consultas fallidas, decenas de miles de personas están llamadas a pronunciarse de nuevo si quieren desligarse definitivamente de una metrópoli situada a 17.000 kilómetros de distancia, en un contexto marcado por las tensiones políticas internas y la pandemia de COVID-19.

Los conocidos como Acuerdos de Matignon, que sentaron las bases del proceso de descolonización y de la reconciliación entre comunidades caldoche y canaca tras años de enfrentamientos, establecieron una serie de consultas que terminaron de concretarse en 1998.

Según este acuerdo, no solo podía celebrarse un referéndum para preguntar a los neocaledonios si querían independizarse, sino un máximo de tres en caso de que no prosperasen los dos primeros. Serían votaciones sucesivas y, en términos prácticos, sin apenas variaciones.

El primer referéndum, convocado en 2018, se saldó con la victoria de quienes deseaban seguir formando parte de Francia, que sumaron un 56,7 por ciento de los votos. La mayoría se redujo dos años más tarde, con un 53,3 por ciento en contra de la secesión, pero aun así fue suficiente para tener que recurrir a la tercera y última votación.

Y así se llega a la cita de este domingo, en la que los neocaledonios deberán volver a responder a la misma pregunta: «¿Quiere que Nueva Caledonia acceda a la plena soberanía y sea independiente?». Si triunfa el ‘sí’, los 271.000 habitantes de este archipiélago dejarán de ser habitantes de Francia al término de una transición que durará al menos año y medio y si triunfa el ‘no’, las partes deberán negociar un nuevo ‘statu quo’.

Este territorio de ultramar ya incluye no pocas particularidades con respecto a la Francia continental, con una moneda propia –el franco CFP– y una autonomía política y económica que contempla, por ejemplo, un régimen propio en materia de seguridad social.

EL FACTOR EPIDEMIOLÓGICO

En el tercer referéndum, sin embargo, se ha colado el virus SARS-CoV-2 como invitado no deseado. Nueva Caledonia ha permanecido relativamente al margen de las grandes olas de la pandemia de COVID-19 que se han vivido en otras zonas del mundo, pero la irrupción de la variante delta dejó cifras sin precedentes, con unos 270 fallecidos en apenas seis semanas.

Tal es así, que los independentistas reclamaron al Estado francés que accediese a retrasar un año la consulta. Rechazada esta solicitud, han advertido de que no participarán en la votación y, por tanto, no reconocerán sus resultados, ya que consideran que no se dan las condiciones para hacer una campaña justa antes de la votación.

El ministro de Ultramar, Sébastien Lecornu, que ha viajado a Nueva Caledonia para seguir esta cita, ha dejado claro que la no participación no resta en forma alguna validez al resultado. En una reciente entrevista a Europe 1, reconoció que la abstención es «un derecho de la democracia», pero fue tajante al plantear si tendrá efecto legal: «La respuesta es no».