Trump: cuando el problema no es el fondo sino las formas

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Donald Trump no deja indiferente a nadie. Hasta aquí estamos todos de acuerdo. Seguramente muchas decisiones de las que ha tomado durante su mandato han sido positivas para Estados Unidos, pero pudiendo tener razón en el fondo le han perdido las formas.

Posiblemente uno de sus mayores defectos haya sido querer gestionar personalmente su comunicación a golpe de tuit. Pero el problema no es el uso de las redes sociales, algo que hacen todos los políticos, sino el tono de sus mensajes.

Trump ha traspasado en no pocas ocasiones la barrera de la vulgaridad y el desprecio hacia muchas personas y colectivos. Y es que por encima de ser o no políticamente correcto (es evidente que Donald no lo es, de ahí parte de su éxito), hay algo que le ha faltado en más de una ocasión: la buena educación y el respeto al que piensa diferente.

Y es que aquello de que lo importante es ‘que hablen de mí aunque sea mal’ no parece la mejor estrategia de marca personal para alguien con un potencial de audiencia tan brutal. Supongo que su tropa de asesores le habrá dicho algo al respecto en algún momento. Y si no lo han hecho, pues muy mal. A veces es muy bueno decir las verdades del barquero aunque te cueste el puesto.

Creo que Trump debería haberse dejado asesorar mucho más por expertos y estrategas en comunicación política, eso sí sin tener por que renunciar a sus principios, muy legítimos por otra parte. Es evidente que muchas de sus decisiones desde el Partido Republicano han causado división en una sociedad ya de por sí muy dividida. Pero, repito, no creo que el problema de su mandato haya estado tanto en el fondo de las cuestiones, de los debates sociales, políticos, económicos o éticos, sino en las formas. Justo lo que más valor tiene en un mundo dominado por la imagen (de marca). Esto no tiene por qué ir reñido con la “autenticidad”.

El escrutinio parece que aleja cada vez más a Trump de un segundo mandato que quizá hubiera conseguido con otro talante. Nadie lo sabe. Lo cierto es que la estrategia le ha funcionado una vez, donde polarizó como nadie el debate y que le terminó llevando a la Casa Blanca.

Vuelvo a repetir, y no me cansaré de hacerlo, de que el gobierno de Trump –que, por ejemplo, no se ha metido en ninguna guerra como sus antecesores- habrá tenido (si finalmente sale perdedor) luces y sombras, pero hay algo en comunicación que no se puede perder: la buena educación, sin dejar de decir las verdades como puños que considere. El insulto, el menosprecio y la amenaza no parecen la mejor carta de presentación de alguien que representa al pueblo americano. Me pregunto, ¿y de verdad era necesario entablar una batalla contra todos los medios que no fueran la FOX? Enemistarte con periodistas y medios no parece desde luego la mejor estrategia. Porque se pueden decir las cosas de muchas maneras, pero ¿por qué elegir o recurrir siempre la cruda y dura batalla dialéctica?

Siempre viene bien un poco de examen de conciencia… y sacar buenos propósitos para el futuro. Porque estoy convencido de que si pierde, volverá con más fuerza. Y esperemos que ya para entonces con menos dosis de vehemencia. Por su bien. Y el de su partido.

Dixit.

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