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Poveda parte el alma en Las Ventas

Comenzó el concierto a la hora esperada, con un poco de retraso, el normal en estos casos. La plaza de Las Ventas, a reventar, solo algunos asientos sueltos. Sonó la música, una banda de lo más completa donde no faltaba a la guitarra Chicuelo y en el piano, Joan Albert Amargós. Unos "compañeros y amigos sin los que no podría vivir" es lo que dijo Poveda de ellos.

Su música fue para bailar, para cantar, para llorar e incluso, para amar. Salió a la palestra Joan Manuel Serrat "El poeta" como le apodó el cantaor al presentarle. Cantaron en catalán, lo que fue motivo, para dos o tres, de abucheos para enfado de la grada que miraba con disgusto a los díscolos. Remató el catalán diciendo "Que bonito cantar a la tierra que le vio nacer con toda la libertad". Oídos sordos. Llegó la marcha. "¿Se vienen a Cádiz?" preguntaba Poveda guasón. Cantó bulerías, tangos de Cai, tientos y seguirillas. En medio de esta jarana salió La Lupi, una bailaora con la que Poveda se arrancó a bailar. Sonaba "Un pasito en la era, yo con el fraile, un pasito en la era…".

Cantó a Miguel Hernández y voceó ¡Viva Federico García Lorca! "que sabía de libertades y le costó hasta la vida". Homenajeó a los antiguos, homenajeó a Manolo Caracol o a Juan Valderrama a través de sombreros caracteristicos de cada uno de ellos, e incluso la Niña de la Puebla estuvo en esta galantería. ¿Qué demostró con esto? Que tiene humor, que tiene arte y que tiene clase, sobrándole registros. Y ahí, llegó la cantaora doña Carmen Linares para apoyar a Miguel.

No puedo contabilizar las veces en las que el público se puso en pie para aplaudir. Sí se cuantas personas se pusieron en pie parea ovacionar a la gran María Dolores Pradera. Todo el mundo, sin excepción. Vestida con el mismo clasón de siempre y lo más importante: con la misma voz que siempre a pesar de sus 88 años y su delicada salud, con la que bromeó. "Me siento feliz de apoyar a Miguel, al que adoro. Por traerme a los escenarios, a estas horas suelen llevarme a urgencias". La gran dama tomó asiento, delante de un atril "por las cosas de la memoria" y comenzó a cantar "Fina Estampa" una canción peruana. Emocionó, el público tomó aire sin saber si podría seguir sin sentir el alma partida, como se murmuraba en los tendidos. "Me voy por la puerta grande, a llorar un poquito" bromeó Pradera.

Se atrevió Poveda con un tango, con boleros, con su homenaje a Camarón cantado "La senda del tiempo" y cantó a Carmen Amaya "su paisana". Terminó la fiesta con "Alfileres de colores" vestido de esmoquin. Tiró de la pajarita, tiró del pinganillo y se deshizo del micrófono. Cantó a capela, no sabíamos si aplaudir. Se acabó la fiesta, pero sigue el arte con larga vida y salud.