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G-14 en busca del Lobby perdido

Apenas comenzado a discurrir el año 2007, en la semana siguiente a las vacaciones de Navidad, mantuve una reunión con una persona de confianza de Fernando Martin, Presidente de Martinsa. El motivo no fue otro que el plantearle por mi parte hacer llegar a su Presidente la necesidad de crear un lobby inmobiliario que tuviera como principales objetivos superar la mala imagen del mismo tanto frente a las Administraciones Públicas, como frente a la sociedad en general. Debía, en mi opinión,  realizarse un importante esfuerzo por eliminar la imagen de “especuladores”, sustituyéndola por la derivada de un serio compromiso de “servicio” a las empresas, a las familias y al medio ambiente.

Durante aquella reunión no aporté documentación alguna, ya que mi objetivo era pulsar la opinión de uno de los promotores más “atrevidos” del sector.

Seis meses más tarde, ya habiéndose producido la fusión Martisa-Fadesa, mantuve una nueva reunión con el colaborador de Fernando Martín, cerca de las oficinas de la antigua Martinsa, en el marco de un desayuno, en el que procedí a entregarle unas notas con un desarrollo inicial de objetivos y medios necesarios. Quedamos en hablar en breve. Tres meses más tarde se anunciaba la creación del G-14. Ya nunca más pude retomar esa conversación.

Desde su fundación el G-14 adoleció de un problema de Misión: ¿Qué es lo que realmente se pretendía lograr con él mismo? Téngase en cuenta que ya existían organizaciones patronales inmobiliarias, tanto en la esfera autonómica como en la del Estado.

Con todo el respeto debido a la persona de Pedro Perez, su incorporación como Secretario general parecía más un guiño al partido gobernante, que al desarrollo de un proyecto asociativo concreto. La confusión entre las asociaciones patronales y el G-14 no quedaba esclarecida con la presencia, en este último, de José Manuel Galindo, ya para entonces Presidente de la APCE y de ASPRIMA.

El G-14, que la única renovación que ha experimentado desde su inicio fue la incorporación de la coletilla “Inmobiliarias por la Excelencia” – como si esta se pudiera alcanzar con la mera mención del adjetivo – no ha aportado absolutamente nada relevante para la mejora del sector, y sospecho que ni siquiera para el beneficio de sus asociados (salvo la excepción de Fernando Martin, bien posicionado frente a determinados “poderes”).

Ni la promoción de proyectos de I+D, ni las relaciones con las asociaciones de consumidores, ni el desarrollo de modelos de urbanismo o edificación sostenibles, ni las necesidades de financiación de las promotoras, ni la de sus clientes, se han visto mínimamente rozadas por la actividad de esta asociación, que va camino de convertirse en un “club reservado para ejecutivos deprimidos”, bueno o “deprimidos” o “despedidos”, ya que la actual situación del sector inmobiliario va para largo, para muy largo.

Con las elecciones generales parece que el G-14 se activa, y ultima una reorganización de su estructura. Para ello según han reconocido los interesados, han iniciado negociaciones con “Equipo Económico”, despacho del ex secretario de Estado Ricardo Martínez Rico (de la época de Cristóbal Montoro), para que les asesore.

Si esto es lo que entienden en el G-14 por hacer lobby les auguro el mismo éxito que hasta la fechas, eso sí, con un coste para las empresas participantes difícilmente justificable actualmente. Quizás sea este el momento, por el bien de las mismas, del sector y de la sociedad, que es quien en última instancia lo sufre, de que dedicaran un tiempo a la reflexión sobre qué es lo que realmente se necesita.José Barta

Profesor de Estrategia para Mercados Hostiles
Consejero Banca de inversión