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Blesa no, los otros

Más de uno habrá descorchado ayer botellas de cava o espumoso del mejor. Habrá sentido ese dulce regocijo de la venganza ejecutada por manos ajenas, que tan poco mancha de sangre y tanta satisfacción interior produce.

 

El amigo del ex presidente, el que llegó sin experiencia bancaria, el que empujó de la nada al todo un pequeño bajel financiero que en sus tiempos lucía las palabras “Monte de Piedad” en cada uno de los inmuebles de los que era propietario. Su caída en desgracia, bajo el formulismo legal del riesgo de fuga, puede haber provocado más de un aprobado justiciero por parte del respetable. A mí, sinceramente, me parece que es una mala noticia, porque baja la guardia.

Si merece la prisión, a ella y por el tiempo que la merezca. Pero no es el triunfo de los desheredados ni el ocaso de los tiburones que han arruinado parte del país. Quedan otros, los más difíciles, los intocables, los aforados, los que pusieron en el cargo, los que nombraron a sabiendas, callaron a sabiendas, miraron para otro lado, jugaron a no ver, no oír, no decir, no saber. Los que han hecho más méritos por las penas de prisión, y quieren seguir de rositas toda su vida.