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Canciones colegiales de autobús

La economía es como las canciones de autobús de los colegiales. Ya saben: ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará. Y si nos ponemos a contar mentiras, la primera y más gorda es la que se mantuvo diez años con que en España no había burbuja inmobiliaria, sino que se construían pisos porque se compraban. Porque se podía. Ya, ya sé que hoy todo el mundo se apresura a apuntarse el tanto de “yo lo vi primero”, pero lo cierto y verdadero es que, según gráficos de Goldman Sachs, que manda más de lo debido en el futuro pero tiene herramientas sobradas para medir el pasado, la inversión inmobiliaria en la piel de toro llegó a un nueve por ciento del PIB, cotas no alcanzadas por ningún país “desarrollado”.

Claro que si la cosa va de canciones colegiales en autobús, bien vale recordar aquella de los payaos de la tele cuando avisaban “Atención porque entramos en la zona donde hay curvas”. Llevamos mucho tiempo echándonos en brazos de mamá China, sin importarnos demasiado el liberticidio político del país. Como cantaban los payasos: “vamos de paseo en un auto feo, pero no me importa porque llevo torta”. Pues la torta que se prepara en el mercado inmobiliario chino es tan grande, sino más, que la que nos hemos pegado aquí. En seis años han pasado de un 4% a un 8% de inversión en ladrillo sobre el PIB, y siguen subiendo a ritmo descabellado. Pues eso: que “el viajar es un placer que nos suele suceder”. Abróchense los cinturones.