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Tan casposo como El Fary

Si es que tenemos un ministro que vale un potosí, de lo populachero que se nos puede llegar a poner. Si hubiera nacido venezolano se llamaría Hugo, ya se hacen ustedes la idea del posible apellido. Pero ha nacido aquí, donde nadie da puntada sin hilo para combinar poder, desfachatez y alguna que otra tajada baja cuerda. Se llama José Ignacio Wert, lleva con absoluta falta de compostura y modales la cartera de Educación, y tanto si les gusta, como si no, pónganse cómodos que tienen ministro para rato. A este hombre tanto le da que le pongan a caer de un burro. Con él no va. “Soy como el toro bravo que se crece con el castigo”, son las palabras de su último brindis al sol.

 

Pues menos toros bravos, don José. Que los toros bravos son también aquellos que, bien lidiados, conociendo por dónde derrota el morlaco, son también los que levantan más aplausos para el diestro. Y si se nos pone usted así de campeón, nos va a obligar a pensar que tiene lo que parece: mucha testosterona y muy pocas miras para averiguar por dónde nos está metiendo Bruselas los muletazos y las estocadas. La Constitución no se redactó para presumir de casta, pero qué va a saber usted. Usted a lo suyo. De frente. Torito guapo que es usted. Y tan casposo como El Fary. Auténtico, sí, pero de otra época.