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Hasta que corra la sangre

De manera oficial, estamos de nuevo en recesión. De manera extraoficial, que le pregunten si no a quienes pisan el INEM, no hemos salido de ella, por tanto es vana la creencia de que hemos vuelto a entrar. De manera oficial, también, no levantaremos cabeza al menos hasta 2017. De manera extraoficial, no lo haremos hasta que no pongamos de patitas en la calle a la ineptitud de unos cuantos cargos con corbata y coche oficial.

La falta de coherencia entre regulaciones, normativas y leyes propias de leyenda, está en el origen de los crecientes pavores a invertir en nuestro país. La economía real se juega en la liga de los cierres de ejercicio previsibles, no en el de la ingeniería financiera de recortar el déficit por aquí y camuflarlo por allá. Ingeniería de la que vienen no pocos caprichos legislativos que al inversor sólo le hacen perder la paciencia.

La llamada recaída del PIB es fruto de un consumo interno diezmado y el desplome de la inversión en bienes de equipo. Si el estrangulamiento fiscal continúa, si el único impulso a la cultura emprendedora es el abaratamiento del despido, y si las exportaciones se resienten por la globalización de la pobreza, de este pozo no salimos hasta que corra la sangre. Mucho ojo, que el negocio de la muerte siempre ha sido uno de los más rentables.