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Despido = Empleo

El argumento que sirve para la reforma laboral, que se redacta en Washington y en Bruselas, es pueril: abaratar el despido para que el empresariado tenga confianza a la hora de contratar. Pero facilitar el despido lo que facilita, valga la rebuznancia, es el despido. No el empleo. Sobre todo en un país como el nuestro, donde el despido cuesta de media entre 10 y 12 días por año trabajado. Lo sabe la patronal, lo saben los sindicatos y lo saben los jueces.

En España no se crea empleo por otros factores. Entre ellos, la tradición patria de los clientes que retrasan los pagos ad aeternum, el secuestro legal que ejerce Hacienda sobre las cuentas de las pymes, y los trámites burocráticos que no justifican otra cosa más que las bocas de algunas decenas de miles de empleos públicos. Lo demás son peroratas ideológicas, cuyo fin es convertir a asalariados y autónomos en carne de batallón. Claro que la reforma no genera empleo: genera empobrecimiento masivo, porque ese es su verdadero y único objetivo.