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Reestructuración… ¿de la banca?

Por si teníamos dudas, Bruselas y Madrid descorcharon ayer botellas de espumoso por el fin del rescate y porque la reestructuración de la banca ha concluido con tino y buen pie, siempre y cuando, eso sí, nadie levante demasiado las alfombras. No vaya a ser que debajo siga habiendo más porquería de la que nos podamos permitir cuando esto medio remonte el vuelo. Claro que entre tanto discurso triunfalista, hay un poso de desfachatez que parece que nadie quiere pararse a analizar, no vaya a ser que haya sangre y muertos y se estropee el tema.

Me refiero a que llamarle a esto reestructuración bancaria es una broma de mal gusto. Sería más honesto decir reestructuración de la mafia política instalada en las cajas de ahorros, o recompra de las entidades financieras públicas a cargo de las privadas con una inmensa ayuda, en directo y en diferido, del contribuyente. Que eso es lo que ha pasado: mucho ladrón de guante oficial y con cargo que se va de rositas, mucho directivo de banca privada toreando la fama de ser el malo de la película, y mucho tertuliano bien pagado inventando términos para ocultar la realidad.